
A buen seguro Laura Fernández y José Ramón Alonso no olvidarán el día de su boda, allá por 2009, pero tampoco el día que consiguieron reservar la iglesia para poder celebrarla. El domingo, a las doce de la noche, cogieron su manta y su radio y, ni cortos ni perezosos, se plantaron a la entrada de la iglesia a esperar que pasara el tiempo. Diecisiete horas y media hasta que, ayer por la tarde, los responsables de la parroquia empezaran a despachar fechas para la celebración de matrimonios en 2009. «Había oído que el año pasado la gente empezó a venir ya a las seis de la mañana, así que decidimos venir antes para asegurarnos los primeros puestos en la fila», explicaba Laura.
La pareja ya tomó la decisión de casarse a mediados de 2007, pero cuando fueron a preguntar en octubre por la posibilidad que había de hacerlo en San Pedro les explicaron que en este año recién estrenado ya no quedaban fechas libres y si querían celebrar su boda en 2009 deberían apuntarse a partir del 7 de enero. No había números ni orden. Quien primero llegara a la iglesia tendría preferencia. Ante este planteamiento, Laura y José Ramón decidieron ser los primeros para que nadie les arrebatara el viernes 25 de julio, fecha para la que ya tenían reservado incluso el restaurante.
Hasta las 5 de la tarde
Para conseguir su objetivo no les quedó más remedio que hacer noche junto a los despachos parroquiales. «La gente nos miraba extrañada. Además, ayer hubo una fiesta en el Club de Regatas, todo con gente trajeada, y cuando pasaban por aquí se extrañaban de vernos ahí sentados en el suelo y tapados con la manta». Para distraer el sueño solo tenían una radio, pero también contaron con la ayuda de los padres de ella, que les relevaron unas horas ya por la mañana.
Su madrugón, no obstante, no fue el único. A la una y media de la madrugada Liliana Trapiello y su novio Fernando se unían a Laura y José Ramón en la larga espera frente a la iglesia, en su caso con la esperanza -ya certeza- de reservar la iglesia para el 20 junio de 2009. A lo largo de la noche fueron sumándose más parejas al improvisado campamento. La mayoría, no obstante, lo hicieron ya por la mañana. En cualquier caso cuando la parroquia abrió sus puertas eran ya más de medio centenar de futuros matrimonios los que esperaban por su fecha, a la entrada de San Pedro, muchos de ellos conscientes de la dificultad de su objetivo. «Teníamos que haber madrugado más».






