COMO te decía: Desde que Ángel Nieto, iniciático maestro en el arte de cabalgar jinete de ruidosos caballos, dio paso a nuestros muy jóvenes pilotos, éstos no paran de dibujar increíbles curvas y cosechar triunfos por todos los circuitos del planeta. Pero la memoria que cabalga mas rápida, incluso que un bólido conducido por Alonso, trae de inmediato aquellas carreras que en un vallado Muro nos deleitaron cuando todo Gijón veía al adolescente ídolo local, Juanín Atorresagasti, correr veloz a lomos de su M. V. Agusta la avenida de Rufo Rendueles. Sin que podamos olvidar el luctuoso accidente que paralizó a todos los gijoneses cuando el infortunado Beltrán aceleró raudo hacía el mas allá. Por aquel tiempo, era alcalde de nuestra villa el abogado del Estado José G. B. y de la Sala, al que se le dio el sobrenombre de 'Pepe Portielles' por aquello de poner obstáculos al siempre guapísimo paseo, y que hoy, con su espectacular iluminación, cuanto más lo ves, más asombra a propios y extraños. Este nuestro regidor, hombre parco y nada dispendioso con los exiguos dineros del municipio, propició el hecho insólito y comentado en los mentideros de la villa,de que el presupuesto de los caudales públicos diesen al final del año superávit. Para ello se postergaban pagos en el último trimestre, pues las administraciones públicas contemplaban la posibilidad de obtener un tanto por ciento sobre los excesos. Bien es verdad que las autoridades no tenían sueldo y así se compensaba la dedicación de quien fue un buen alcalde para tan difíciles tiempos. Este apellido gijonés que proviene de la hermosa parroquia de Granda se perpetúa en su hermano, al que tan sólo le hace falta, para ser reconocido su nombre en mayúsculas, don Fermín, sin necesidad de más aditamento. Es poco sabido que este señor ganó la oposición de abogado del Estado en 1936, pero sin plaza hasta la siguiente convocatoria, y fue el paréntesis de la infortunada memoria que tantas vidas truncó, en el más amplio sentido de la palabra, quien dejó sin efecto aquella calificación, lo cual que su destino, y de su genio, era el de dar a nuestra villa la titularidad de la por él bien ganada y unipersonalmente regida Universidad de Cimadevilla, mucho antes de que proliferasen por doquier privados centros universitarios. Por sus excepcionales cualidades, admiración provoca este hombre.