Por el camino, entre laboratorio y laboratorio, se ha convertido en uno de los oncólogos más eminentes del ancho mundo, especializándose en la identificación de los genes que controlan la metástasis tumoral de los cánceres de mama, una patología que merced a los trabajos de Joan Massagué y otros colegas ha visto rebajada de modo notable su virulencia e índice de mortalidad.
Debido a ello recibió, además del unánime reconocimiento de la comunidad científica, el Premio Príncipe de Asturias, en 2004. Parece que esa salvífica tarea ha dado un paso más.
El físico Pedro Miguel Etxenike, que también obtuvo el Premio Príncipe, declaraba hace tiempo a EL COMERCIO que tras recibir el galardón halló un mayor respaldo financiero a sus trabajos. No es descartable que haya sucedido lo mismo con Massagué, que en la actualidad desarrolla también su actividad en el Institut de Recerça Biomédica de Barcelona. Incluso es posible que algunas de las señoras que suelen negar la bondad de los Premios Príncipe («todo boato», que se dice), les vieran ahora eventualmente sus beneficios.





