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GIJÓN
Asignatura desorbitada
13.01.08 -

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El término 'agnóstico', etimológicamente 'el que no sabe', lo utilizó por primera vez Thomas Henry Huxley, abuelo del famoso novelista Aldous y del biólogo Julián. El agnosticismo ni niega la existencia de Dios, como el ateo, ni la afirma. Sencillamente, al limitarse a los datos del conocimiento científico, no se pronuncia. Es muy conocido el debate, en 1860, entre Huxley y Samuel Wilberforce, obispo de Oxford. Thomas Huxley defendía la teoría de la evolución de Darwin y el obispo más o menos le preguntó por su rama ascendente:

-¿Nos puede decir cuál de sus abuelos era un mono?

Huxley contestó al prelado:

-Prefiero más un antepasado mono que un antepasado obispo.

Las recientes polémicas, bastante hinchadas y en las que no voy a entrar, entre Gobierno y algunos miembros de la jerarquía eclesiástica me han recordado esta simpática anécdota. Sin embargo, al hilo de las opiniones del cardenal arzobispo de Toledo, Antonio Cañizares, sobre la asignatura Educación para la Ciudadanía, voy a exponer datos muy concretos sobre esta asignatura que ya es 'La Asignatura', y que, entre otras cosas, está desvirtuando el grave problema de la Educación Secundaria en España, muy diferente a la susodicha materia. ¿Por Dios!, con perdón, no se trata de dar caña a Cañizares, sino de aclarar algunos aspectos de esta polémica falsa.

En Asturias, en Gijón, en el instituto en el que trabajo, Educación para la Ciudadanía y los derechos humanos -este es el nombre completo del libro de texto- se imparte por ahora, exclusivamente, una hora a la semana, en 3.º de ESO. La edad media del alumnado en este curso es entre catorce y quince años. El peso en el horario lectivo es, por consiguiente, liviano.

¿Cuáles son los contenidos de esta diabólica materia? Prácticamente, los mismos que desde hace años se están impartiendo entre los temarios de otras asignaturas, ya en el anterior BUP y en la LOGSE. Más o menos, un 60% del programa trata sobre aspectos que se estudian en la asignatura de Geografía. Geografía no entendida como geografía física, sino económica, urbana y humana, a través de temas como la organización de las sociedades democráticas, los problemas del mundo o los organismos supranacionales. Otro 30% de la temática 'ciudadana' aborda temas que se estudian en Ética, Filosofía de 1.º de Bachillerato y Religión, como los derechos humanos y sus violaciones, las relaciones interpersonales, las cuestiones de género o la convivencia en diferentes ámbitos. Queda una pequeña parte con aspectos como la educación vial y poco más. La mayor parte de la enseñanza confesional no se ha manifestado en contra de estos contenidos.

Se podría argumentar que, en muchos aspectos, la materia de Educación para la Ciudadanía es redundante, al tratarse 'transversalmente', como se decía en el vocabulario de la LOGSE, en otras asignaturas. Pero a quien conozca el programa y lo que se imparte real y honestamente en los centros de Secundaria de esta asignatura, le resultarán desconcertantes afirmaciones como «la Educación para la Ciudadanía debilita la familia», «ataca a la libertad de conciencia religiosa» o «desfigura la verdad moral del hombre». Esto es sacar las cosas de quicio para adentrarse en una polémica vacía y sin sentido.

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