
En lo económico, Molina asegura que «si tengo 100, sólo puedo gastar 80 y dejar 20 para lo que pueda pasar». Eso permitirá, dijo, respetar la máxima de que las cuotas no suban por encima del coste de la vida.
Molina descarta las obras faraónicas y asegura que cuando el Grupo las afrontó (puso como ejemplo las torres de iluminación de la pista de atletismo) tuvo luego serias dificultades y no pudo afrontar inversiones más necesarias, como los terrenos del canódromo.
Sólo un proyecto haría a Molina forzar la marcha económica, que sería comprar la finca anexa que linda con la avenida de Jesús Revuelta Diego, por la posibilidad de ampliación que representa.
También proyecta un aparcamiento de varios pisos soterrados, si es compatible con el metrotrén, para facilitar el acceso con automóvil. JUAN MOLINA





