
Varada mi alma, el remo quieto / a la bita trincada la esperanza/ la mar enfurecida, su espuma negra, / deja n'a ribera.
Qué bramido el de aquel cachón / rompió contra el petón la oración del marinero, / sus manos de callos llenas, en ellas rota la ilusión.
No queda en el corazón / ni lágrimas, ni dolor 'la vida del pescador'.
Como niño, camino descalzo entre espuma y arena/ jugando con ellas.
Las ilusiones incumplidas, me moriré en la ribera.
Cuando esto ocurra, / haced un pozo en la arena, / ponedme cara al cielo / que me tape mi amante / 'La mar que la marea sea mi mortaja'.
(De un náufrago llamado José María Peláez 'Peltó').





