Tomen como ejemplo las candidaturas que se perfilan para los comicios de marzo. Vale, diré por anticipado que, electoralmente hablando, a los partidos nacionales no le interesa para nada Asturias. O sea, que dan por descontado que, debido a la mecánica electoral, el resultado será similar al de otras convocatorias y que, siendo únicamente 8 diputados los que se juegan, no van a desgastarse poniendo al frente a ministros o figuras de relumbrón mediático. Digamos, pues, que, para los estrategas de campaña, esto sigue siendo una provincia en el sentido que le daban los romanos al término (tierra conquistada). Pero, bien, en cualquier caso, entiendo que debería darse otra imagen ante el electorado asturiano. Da la impresión que nuestra clase política, como ya dije, es incapaz de regenerarse y, pese a que las generales se juega bien poco repito, ni siquiera ahí se le da la oportunidad a alguien que represente una novedad para la opinión pública. Fíjense que, de momento, dos de los tres partidos, vuelven a figuras harto conocidas. Por parte del PSOE, la encabezará Álvaro Cuesta que, ojo al dato, lleva ya siendo diputado por esta circunscripción desde la primera legislatura. En Izquierda Unida apuestan por Laura González, quien, pese a haber manifestado que se retiraba después de una dilatada trayectoria política, ha tenido que aceptar la difícil misión de recuperar el escaño perdido en el 2004. Y en el Partido Popular, si se confirman los rumores, podemos ver cómo Isidro Fernández Rozada u Ovidio Sánchez (tanto monta, monta tanto) se presentan ante una sociedad harta de ver siempre las mismas caras peleando por los mismos puestos.
Pues bien, pienso que nuestros partidos políticos deberían tomarse los comicios de marzo, no como un mero trámite más que cumplir, sino como una apuesta decidida por la regeneración. Buena prueba de que estamos un poco cansados de ver siempre lo mismo fueron las elecciones autonómicas y municipales del año pasado. La abstención, casi 5 puntos superior a la anteriores, debería haberles hecho reflexionar sobre la conveniencia de que nuestro electorado vea personas con formas distintas a la actuales. Sin embargo, ya ven, lejos de eso, la política asturiana sigue ofreciendo a las mismas que, año tras año, van acumulando edad (para disimularlo lo llaman experiencia) y no permiten que una nueva generación se incorpore. Pregunto, ¿hasta cuándo?





