El retroceso demográfico de 2006 debe encender las luces de alarma, por lo que pueda tener de síntoma anunciador de una fase de declive del municipio en otros ámbitos. Y no se nos diga que la realidad es distinta porque el Ayuntamiento tiene otras cifras. Es sabido que los números válidos son los del INE, resultado de contrastar los datos obtenidos por el propio Instituto Nacional de Estadística con los proporcionados por los ayuntamientos y, en caso de desacuerdo, someter las diferencias a informe del Consejo de Empadronamiento. No se trata de añorar ahora el 'boom' demográfico experimentado en los años sesenta y setenta del pasado siglo, pero sí convendría quizás mantener un crecimiento poblacional que alejara la perspectiva de una regresión más amplia.
Porque vienen tiempos incómodos. ¿Cómo podrían los vecinos de Gijón sentirse representados en el Congreso de los Diputados por el alcalde de Oviedo, que ha prodigado en sus mandatos acciones y actitudes inamistosas y beligerantes con el concejo gijonés, principal granero electoral de Asturias? Quienes albergaran alguna duda pueden así tener ya la certeza de saber a quién no deben votar.





