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GIJÓN
¿Ay, pobre de mí...!
14.01.08 -

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ME preguntaba un amigo navarro de nacimiento por qué en Asturias, una vez que se acabó el mes de agosto, no entonábamos como ellos el «¿pobre de mí, pobre de mí, se acabaron las fiestas de San Fermín!». Le dije que eran múltiples y variadas las razones para que aquí no se entonara algo parecido. Mira, le añadí, aquí las fiestas no se acaban nunca. Gijón es una fiesta permanente, que empieza en enero y termina en diciembre. Se festeja el Año Nuevo y se despide el Viejo y todo empalma con los carnavales, la primavera, el verano y otra vez el invierno. En cada barrio, en cada parroquia, hay una o más fiestas a lo largo del año y célebres son las de Cimadevilla, Jove, Ceares (donde cuatro huevos son dos pares), Granda, Vega, La Camocha y hasta, si me apuras, las de Candás, donde todavía se discute si Candás es un barrio de Gijón o Gijón un barrio de Candás.

Aquí, tras los toros, vienen los concursos hípicos, los torneos de tenis, las fiestas del Club de Regatas, del Grupo Covadonga, del Chas, del Club Natación Santa Olaya, etcétera, porque enumerarlas todas excedería de este espacio habitual. Otros pueblos de Asturias, como Oviedo, tienen un par de semanas de festejos y para de contar. Por eso, su regidor Gabino tiene tanta envidia a Gijón y ya no viene a la Feria Internacional de Muestras. Dios le castiga con un Oviedo en Tercera División, con unos fuegos que no valen dos reales y sin festival aéreo. Se rasca su envidia todos los días. No puede ver a Gijón y eso que trabajó aquí, donde le tratamos bastante bien.

Mi amigo navarro, que no es envidioso, terminó por darme la razón y reconoció que Gijón es una fiesta, porque la alegría va por dentro y todos los que aquí vivimos, seamos o no gijoneses de nacimiento, somo 'playos' de corazón y nos gusta que nos llamen los 'del culo moyao', que es signo de limpieza. ¿Amos anda!

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