
La decisión de la Asociación de Prensa Extranjera de Hollywood de convertir la entrega de sus premios en una simple lectura de los ganadores abierta a todos los medios ha hecho estragos en Los Ángeles, donde la economía local ya se resiente y donde se habla de una dura batalla económica entre la NBC, único propietario hasta ahora de la emisión, la propia asociación y los productores de la gala.
Los Ángeles espera cada año con interés la celebración de los Globos de Oro para embolsarse un mínimo de 60 millones de dólares entre los ingresos de la propia gala y los gastos que suponen las fiestas con los que los estudios homenajean a sus premiados.
«Son muchos en Los Ángeles los que están sufriendo las consecuencias económicas de la anulacióna», asegura Jack Kyser, economista jefe del Departamento de Desarrollo Económico del condado de Los Ángeles, para quien las pérdidas del que iba a ser uno de los fines de semana más glamourosos del año serán «verdaderamente importantes».
Kyser asegura que la ceremonia de los Globos de Oro, que reúne a las figuras más selectas de la industria cinematográfica, supone esos 60 millones de dólares entre los ingresos directos de la gala, los de negocios como «los hoteles de la ciudad, los servicios de catering, las floristerías e incluso los salones de belleza».
«En Los Ángeles están todos sorprendidos y disgustados», asegura el economista sobre una situación que afecta especialmente a los hoteles de Beverly Hills, que han visto cómo se anulaban entre el 30 y el 50% de las reservas concertadas para este fin de semana.
«Hemos perdido unas veinticinco habitaciones por noche, lo que llega al centenar en este fin de semana, y hay que tener en cuenta que cada habitación perdida supone una media de más de 200 dólares», se lamenta Ryan Lyden, director de ventas de uno de los hoteles que el grupo Marriott tiene en Beverly Hills.
Por su parte, la cadena NBC, que tiene en exclusiva la retransmisión de las galas de los Globos de Oro, quiere enzarzar a la asociación de periodistas y a los productores iniciales de la gala, Dick Clark Productions, en una batalla económica, después de que esa productora pidiera a última hora un millón de dólares al canal por seguir contando con los únicos derechos de emisión de la conferencia de prensa que finalmente se celebró.
La NBC, que cada año paga 4 millones de dólares por retransmitir los premios, se negó a pagar un millón más y fue entonces cuando, una vez que la asociación de periodistas se aseguró de que los guionistas no iban a boicotear el acontecimiento, se decidió abrir el evento a todos los medios.
«La NBC quería contar con tres horas de emisión en exclusiva disfrazadas de conferencia de prensa», aseguró la productora en un comunicado para justificar la decisión de abrir ese evento informativo y aseguró que «la Asociación de Prensa Extranjera y Dick Clark Productions creyeron que el acuerdo era injusto».
Mientras las principales cadenas como CNN o la Fox se apresuraban a enviar equipos a cubrir la lectura de la lista de ganadores en el hotel Beverly Hilton, el malestar en la NBC era palpable, ya que fuentes de la cadena aseguran que sus pérdidas pueden alcanzar los 10 millones, por lo que no se descarta que el canal inicie acciones legales.





