'Lala', como la conocían los clientes y los comerciantes del centro de la ciudad, fue una enamorada de su trabajo a la que sólo la edad y los achaques la separaron del negocio. Sus dos hijos, enfrascados en otras carreras profesionales, no pudieron tomar el relevo. El local, abocado así al cierre, entró en el mercado del alquiler. Aquel Gijón de los pequeños comercios, cada vez más reducido, está de luto.





