Telecinco ha reaccionado con su característico talante: ha mostrado su satisfacción porque el Ayuntamiento debe de tener todos sus problemas resueltos, pues de otro modo no dedicaría su tiempo a criticar programas de televisión, y además, para que no quede golpe sin sangre, ha declarado su interés por saber si dicho consistorio va a dejar de presentar «semidesnuda» a su reina del carnaval y si va a añadirle a esas fiestas un rey «para trabajar en pro de la igualdad» (ya verán como la idea tiene eco).
Este es el nivel de debate público en España y quizá, después de todo, haya que alegrarse de que nuestros mandamases políticos y televisivos se dediquen a estas cosas en vez de arreglar nuestras vidas; éstas ganarán cuanto más lejos anden del alcance de las manos de estos señores (y señoras). Al Ayuntamiento de Las Palmas, cuya opinión sobre 'Sin tetas no hay paraíso' no es en absoluto descabellada, habría que recordarle sin embargo que los políticos deben extremar su delicadeza a la hora de criticar a los medios de comunicación, porque se empieza por reprobar una serie y se termina por censurar unos informativos (ya está pasando, como es bien sabido). Esa opinión negativa sería válida en una declaración personal de cualquier ciudadano, concejales incluidos, pero no en un comunicado oficial de una institución pública. Respecto a Telecinco, hay una reflexión que la cadena debería hacerse más allá de este rifirrafe: no es posible andar predicando «doce meses, doce causas» y deshacerse en protestas de 'progresismo' por doquier, y al mismo tiempo montar espectáculos con los materiales más sórdidos que se despachan en el mercado.





