
Son 23 folios de informe, en el que una comisión presidida por Jaime Domínguez, catedrático de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Sevilla, ha constatado que el resultado final es bueno, pero el camino demasiado tortuoso. Es decir, que la formación y la empleabilidad de los graduados de las cuatro titulaciones son «altas», pero que la tasa de estudiantes que no se presentan a los exámenes es «demasiado elevada» y la duración media de los estudios «muy superior a la prevista».
«Los estudiantes tardan en completar sus estudios entre los 4,78 años de Química Industrial y los 5,14 de Electrónica Industrial, siendo tres años lo previsto en el plan de estudios. Es importante desarrollar un procedimiento de análisis de esta situación que permita determinar las razones de esta diferencia y tomar medidas al respecto», recoge el informe, que señala en otro punto que «se ha evidenciado que no existe ningún análisis de las necesidades de estudio de los alumnos para superar las materias de un curso».
Respecto a la tasa de abandono de la carrera, varía en función de la especialidad que se curse. Mientras en Química Industrial se sitúa en un 11%, lo que el comité considera «no muy elevada», en Electrónica o Electricidad sube hasta un 26% y 29% respectivamente. «A la vista del análisis de los resultados del programa formativo, el éxito, la eficiencia y la duración media de los estudios presentan valores por debajo de lo que sería deseable, por lo que será necesario emprender acciones de mejora que progresivamente vayan mejorando los resultados».
Más Erasmus
Paralelamente, el comité evaluador, constituido por un catedrático de Arquitectura y Tecnología de Computadores de la Universidad de Castilla-La Mancha, una técnica de la Unidad de Calidad de la Universidad de Burgos, y un alumno de la Politécnica de Cartagena, recoge que «se ha detectado un excesivo número de alumnos que no se presentan a las convocatorias», sin determinar el número, y califica como «deseable» que se realice un análisis de la situación «para adoptar las medidas oportunas». Y a pesar de que en los últimos años la Escuela Universitaria de Ingeniería Técnica Industrial ha incrementado sensiblemente su apuesta por el programa Erasmus y los distintos intercambios con otras universidades, el informe recomienda «tomar medidas para mejorar la participación» internacional, aumentando también el número de convenios y acuerdos con universidades extranjeras.
Una de las cuestiones que resulta más sorprendente es que mientras el nivel de empleabilidad de los titulados es alto, elemento, por otra parte, que funciona como reclamo determinante para la elevada matriculación del centro universitario gijonés, los alumnos tienen, sin embargo, «cierto desinterés por las prácticas en empresas», lo que los miembros del comité evaluador considera «una debilidad» de las titulaciones.
Y frente a todo ello, el comité realiza una excelente valoración del desarrollo del curso cero y resalta no sólo la implicación del profesorado, que entiende que es «adecuado a la titulación», sino el notable incremento de doctores en los últimos cuatro años. «Han pasado de representar entre el 45 y 50% en el curso 2002/2003, al 65% en el 2005/2006», con un aumento porcentual aún mayor en Química Industrial, que alcanza el 72%.
Pero las mayores carencias fueron encontradas en el personal de administración y servicios. Y no tanto por el que hay como por el que no hay. Dice el informe de evaluación que «el personal es adecuado en formación y capacitación, pero inadecuado en el número de personas, lo que obliga a hacer un uso excesivo de la figura de los becarios en tareas que no les corresponden y que suponen una responsabilidad que no debe ser asumida por ellos».
Al final, como toda evaluación, el informe reparte juego en todas direcciones. Incluso alude al «alto nivel de centralización de la Universidad en la toma de decisiones». Y llegará al Vicerrectorado de Calidad.





