Además, por motivos que se nos escapan, el gobierno municipal establece la previsión con vistas a la próxima primavera, lo que quiere decir que se le escamotea al probo ciudadano la oportunidad de influir en mayor o menor medida sobre las elecciones del nueve de marzo. Una coincidencia que podríamos llamar curiosa.
Pero dejando a un lado las bromas, es indudable que cualquier propósito de profundizar en cauces participativos, es un bien democrático.
En el volumen que Gustavo Bueno dedicó hace algunos años a reflexionar en torno a las características de nuestro sistema de libertades, se anotaba la cojera inevitable de que seamos muchos más los que votamos en las urnas que aquellos que han de representarnos, lo que acostumbra a desviar hasta cierto puntolas aspiraciones genuinas del pueblo soberano. Es el famoso trecho que va del dicho al hecho, traducido a fórmula de elector y diputado.
En una comunidad como la española, a la que se le augura que avecindará 50 millones de almas en 2015, sería dificultoso hallar el ágora en el que cada cual se representase a sí mismo. La aritmética y la geometría son así de impositivas.
Sin embargo, algo se podrá corregir la hipotenusa dando un cierto protagonismo a quienes quedan fuera del Parlamento o de los sillones consistoriales.
Esa sería la teórica aspiración del foro ciudadano, en el que se prevé incluir a dos delegados por cada formación política municipal y otros dos que introducirían el aire externo de las asociaciones de vecinos y culturales. No es muy equilibrada proporcionalmente la composición resultante, pero menos da una piedra.
Con todo, uno tiene la impresión de que también ha de haber honrados contribuyentes que no pertenezcan a ninguno de los ámbitos mencionados, políticos y societarios. Y que seguramente tendrían algo que exponer.
En la era internáutica, tal vez se debería pensar en un foro en red. Y con respuestas edilicias diligentes.





