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Velasco dibuja un inventario de tiempos luminosos en 'Las aguas silenciosas'
Premio Antonio Machado, reúne en su último libro de versos y memorias «todas las preocupaciones universales» de la poesía
26.01.08 -

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Velasco dibuja un inventario de tiempos luminosos en 'Las aguas silenciosas'
Velasco lee y Clara Muñiz toca la flauta travesera. / CITOULA
«He buscado en el desván de la memoria», dice Francisco Velasco al encontrarse frente a frente con su último poemario, 'Las aguas silenciosas', un libro de versos y, como el mismo admite, «de memorias», en el que este poeta, uno de los más delicados y menos enredados de la nómina asturiana, ha dibujado «un inventario de momentos luminosos». Asegura haber «intentado hallar muchos, «tantos como pudiera mirando al pasado», pero confiesa, en honor a la verdad, que «no fueron todos los que quisiera. En el fondo me ha salido más amargo de lo que esperaba, más de áspero mundo, que diría Ángel González».

De las tres partes en que se divide 'Las aguas silenciosas', es la tercera, 'Otra orilla', la que se desliza con más evidencia entre la exploración y el hallazgo, en la que, como él mismo autor admite, «está más presente esa línea de luz».

Presentado ayer en el Ateneo Obrero de Gijón, el nuevo título de Velasco, que asegura haber escrito entre 'La hiedra del silencio' y 'Noche' (Premio Antonio Machado), es, sobre todo, un viaje por las «todas las preocupaciones universales» del poeta.

Lo que hace en 'Las aguas silenciosas' este seguidor de Machado («que reduce la narrativa a elementos mínimos que persiguen la emoción», de Cesar Vallejo («aunque tratando de evitar su hermetismo» e, incluso, de Jorge Manrique, es hablar del tiempo «que transcurre inexorablemente y del que se hacen metáfora las aguas»; del amor «que tiene el sentido de la lucha contra la muerte», que se describe en los cuerpos «como tabla de salvación otra vez en el mar de la muerte», y sobre todo de la identidad, del sentido existencial. «Me pregunto ante el espejo qué es lo que somos, pero no me interesa demasiado saber dónde vamos», dice el poeta, para quien la música es otra de las esencias de sus obra. «Soy un enorme aficionado, que no tiene demasiado oído, pero el que tengo lo concentro con todas mis energías en que el verso tenga su ritmo».

El silencio, la soledad, la infancia, el dolor son también sus preocupaciones y con todas lo es la vida.

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