Los ancianos, mientras, se lamentaban desconsolados. «No quiero irme de aquí, vosotros sois lo último que tengo», sollozaba Secundino, de 90 años. Ayer su hija aún no había podido ir a recogerle y se mostraba muy nervioso ante la situación. Otros insistían en el buen trato que han recibido siempre en la residencia y lo injusto de esta decisión de los dueños del inmueble.
Las familias deberán aprovechar ahora el nuevo plazo para buscar otra residencia, aunque todos señalaban que difícilmente podrán afrontar el pago de otros centros, «mucho más caros que este». Desde la Fundación Municipal de Servicios Sociales señalaron que tan solo intervendrán en casos de extrema necesidad, si algún anciano queda en situación de desamparo.





