El Juzgado de Primera Instancia número 4 de Dos Hermanas (Sevilla) desestimó la petición de M.A.S.: «150 euros es una ayuda suficiente teniendo en cuenta que el reclamante recibe alojamiento, alimento, ropa y el servicio de limpieza y costura por parte de su madre», señalaba la sentencia. «Si rechaza comer o elegir ropa es sólo cuestión que a él incumbe», proseguía el dictamen del tribunal.
Y para quitar a este y a otros chicos las ganas de interponer nuevas demandas, en el fallo se precisaba que, «desde la perspectiva del Derecho, la actitud de los padres que cargan con los gastos de los estudios universitarios de sus hijos mayores de edad, de manutención y vestido, e incluso de ocio no responden a una obligación jurídica, sino a un impulso moral o ético que anida en la mayoría de las familias». Por lo que «esto no puede ser exigido jurídicamente, una vez que el Estado ya ha cubierto esa necesidad mínima mediante la enseñanza básica obligatoria y gratuita».
Lo que precede es quizá un despropósito de un joven con demasiadas luces, o demasiadas pocas. Pero no quita que la entrada del euro cambió muchos aspectos de nuestra vida diaria: la cuenta de la tienda, los salarios, los impuestos, la paga que dan los padres a sus hijos, lo que ésta da de sí... Miguel González, presidente del Foro de la Infancia y la Adolescencia, es de la opinión de que la generación actual de adolescentes (entre 15 y 19 años) es «la más rica y con mayor poder adquisitivo de la historia». Hasta el punto de que la entidad que dirige cifra en 1.600 millones de euros los ahorros que atesoran los chavales en huchas y cuentas de ahorro.
«Nuestros jóvenes tienen demasiadas cosas y muchos caprichos inexplicablemente financiados por sus padres, manejan dinero», añade González. La 'paga', palabra tan machacada por un sector de la población, concepto que en otros tiempos era privilegio de unos pocos, parece haberse convertido en una obligación común entre la mayor parte de los progenitores (ocho de cada diez familias la dan y suman con ello otro gasto a su economía doméstica) y en una costumbre que, «oh, por favor, no debe fallar» para algunos hijos. Encuestados 1.449 chavales de ambos sexos de 161 municipios distintos, el Instituto de la Juventud (Injuve) ha hecho números y establecido en 20,23 euros la asignación semanal media que reciben los españoles de 15 a 19 años. Entre los que no faltan los que dicen con un billete de veinte apenas llega. Un cine, una hamburguesa, un cedé pirata, y poco más.
«Tendría que verme negociando con mi madre», recuerda Marta, 27 años y recién hipotecada. «Mi paga eran 2.000 pesetas cada fin de semana, cosa que no llegaba ni para comprar una bolsa de pipas, así que cuando llegó el euro intenté sisar algo y dije que me dieran 15 euros, con lo que yo saldría ganando unas 500 pesetillas». Hasta que la madre sacó del bolso el 'supercalendarioeuroconvertidor' y, decimal arriba decimal abajo, se plantó en los doce euros. «Con eso encima recibía tres pesetas menos, así que en un intento desesperado le dije, '14 euros y aún te estoy haciendo un favor...', pero ni con ésas». Al final, acordaron que serían 13, aunque hubo intentos de alcanzar una subida «con la excusa de que el trece es el número de la mala suerte...».
Gerardo Castillo, doctor en Pedagogía, profesor del Departamento de Educación de la Universidad de Navarra y autor de una veintena de libros, entre ellos, 'La aventura de hacerse mayor', aconseja a los padres no utilizar argumentos del tipo 'mis hijos tendrán lo que yo no tuve'. «Eso es utilizar a los hijos para liberarse de un complejo personal que no se supo eliminar a tiempo». «Por otra parte -advierte-, prepara más y mejor para la vida tener poco que tener y gastar demasiado. Cuando se tiene poco se lucha; cuando se tiene demasiado se afloja. Son conocidos los casos de quienes levantaron una empresa de la nada que luego hundieron sus hijos por darles una vida fácil».
Claro que conviene tener en cuenta un factor inexistente en la generación del pedagogo: el teléfono móvil, esa «imprescindible» necesidad para nueve de cada diez chavales que gustan de sentirse permanentemente «comunicados». En el 56,9% de los casos es el padre o la madre quien paga habitualmente la factura del teléfono móvil o la recarga de la tarjeta y también en la mitad de los casos son los progenitores los que compran a sus pequeños el aparato.
El resto lo incluye entre sus gastos, también la factura, aunque los números del Injuve dejan entrever que son los padres de las chicas quienes, a diferencia de los que tienen hijos varones, pagan en mayor medida las facturas del uso del celular. La 'inversión' en ropa también suele ser uno de los gastos más discutidos: una solución es considerarlo un gasto compartido. «Los chavales se han trasformado en uno de los objetivos más atractivos para publicistas y anunciantes por el dinero que gestionan», explican en The Kids & Teen Group, una agencia especializada en marketing infantil. La psicóloga Mónica Taibo se preocupa por hacer entender a los adultos que la paga debe ser la herramienta para introducir a los niños en la economía del consumo y el ahorro.
«El adolescente necesita el comprar como el comer. Puede llegar a ser manipulador y machacón». Ella plantea establecer la paga como «un sueldo mensual». «En un trabajo, el salario hay que ganárselo. Pues en este caso, también», advierte.






