
Hubo que esperar hasta finales del siglo XIX para la llegada real de la orden, que se asentaría ya en la villa hasta la actualidad. El 10 de noviembre de 1882 podía leerse en las páginas de EL COMERCIO: «Según noticias que tenemos por fidedignas, es ya cosa acordada la fundación de un colegio de jesuitas entre nosotros». El diario decano no hacía más que adelantar acontecimientos. Por aquel entonces, los padres jesuitas Obieta y Doncel y el hermano Peña comenzaban a asentar su residencia en la carretera de Villaviciosa, esquina con Cabrales, desde donde preparaban su pastoral y ministerio, colaborando con la iglesia de las Agustinas, situada donde hoy se asienta el mercado de San Agustín. Eran la cabeza de la Compañía de Jesús en Gijón, que desde su llegada se afanó en intentar llevar a cabo su principal proyecto: la apertura de un gran colegio en la ciudad, pese a la oposición de algunos sectores de la sociedad. Baste como ejemplo la publicación íntegra en la portada de EL COMERCIO de un editorial de 'El Norte de Bilbao' en el que se abogaba por apostar por las enseñanzas laicas y renegar de la educación de los religiosos: «(Los jesuitas) no enseñan a los jóvenes a ser ciudadanos españoles, sino súbditos de Roma».
Un legado en disputa
Los misioneros tampoco parecían gozar para su proyecto del favor del obispado ni del Ayuntamiento. Aunque esperaban hacerse desde un principio con el legado que había dejado a su muerte el canónigo Juan Menéndez de Jove y Toral, 'Juan Nolasco', quien pidió que parte de su patrimonio se destinase a la fundación de un colegio, tuvieron que afrontar un largo pleito antes de lograr los bienes que les permitirían construir el centro.
En 1888 comenzó la construcción, en un lugar apartado de Ceares, del colegio de la Inmaculada, que abriría sus puertas en 1890 como internado de educación -también con alumnos externos e incluso clases gratuitas para los más desfavorecidos- y residencia. La puesta en marcha del colegio, y la necesidad de combinar la nueva tarea con la atención espiritual de la ciudad, motivó el crecimiento de la comunidad jesuita, que impartía ya por entonces su pastoral por diferentes templos: además de la Inmaculada y las Agustinas, atendía San Lorenzo y la Colegiata.
Fue esta intensa actividad eclesial la que les hizo advertir otra necesidad: la de disponer de un templo propio en el centro de Gijón, así como de una residencia que evitara los enormes desplazamientos que suponía ir y venir desde Ceares. Una donación les permitió hacerse con un solar en la calle del Instituto, donde en 1913 pondrían la primera piedra de la iglesia del Sagrado Corazón. Consagrada en 1920, pronto recibió el entonces despectivo término de Iglesiona por parte de quienes no veían con buenos ojos a la Compañía de Jesús. En 1929 la actividad de los jesuitas en la ciudad se complementó con la creación de la Fundación Revillagigedo, que ya en su primer curso formó como mecánicos y electricistas a más de 120 alumnos.
Expulsión republicana
Con el comienzo de los años treinta, sin embargo, la situación política del país motivó el parón de su actividad y el inicio de unos años de gran convulsión para los jesuitas gijoneses. El 15 de diciembre de 1930, en el marco de una huelga, la Iglesiona se convirtió en el primer templo incendiado en la España del siglo XX y, apenas cinco meses más tarde, días después de la proclamación de la II República, el Ayuntamiento de Gijón fue impulsor de la solicitud de expulsión de la Compañía de Jesús, que finalmente fue aprobada por el Gobierno republicano. Los jesuitas abandonaron el 23 de enero de 1932 el colegio de la Inmaculada, que durante un tiempo se convirtió a la vez en hospital, cuartel y sede del Instituto Jovellanos, para finalmente dedicarse en exclusiva a acuartelamiento del regimiento Simancas. Durante la guerra, el edificio fue prácticamente destruido. La iglesia del Sagrado Corazón, mientras, fue utilizada como prisión republicana en 1936 y 1937, lo que le permitió ser el único templo del núcleo urbano que sobrevivió a las bombas.
Finalizada la guerra, las nuevas autoridades restituyeron sus propiedades a la Compañía de Jesús, que en 1939 recuperó la iglesia y en 1941 el colegio. Éste, tras la reconstrucción, ganó un cuarto piso frente a los tres que tenía originalmente. En 1943. el padre Máximo fundó además el Hogar de San José para acoger y educar a huérfanos necesitados de la ciudad. Desde entonces, la actividad de los jesuitas empezó a aumentar de nuevo de forma progresiva, así como su comunidad. Gijón llegó a convertirse a mediados del siglo XX en una de las ciudades españolas con más representación de la Compañía de Jesús, con cerca de 100 religiosos. Uno de los hitos más importantes de esta etapa fue el convenio firmado en 1955, por el que se hicieron cargo durante 25 años de la educación en la Universidad Laboral, labor que culminaría en 1978. En 1990 la iglesia del Sagrado Corazón pasó a manos de la diócesis de Oviedo. Quedan actualmente a cargo de los jesuitas las parroquias de la Inmaculada, Santa Olaya (sin templo) y San Esteban del Mar.





