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Cultura

CARLOS ÁLVAREZ, BARÍTONO
«Las gentes que aman la música no pueden ser malas personas»
«Contento» con su interpretación de 'Macbeth' en el Campoamor, el cantante malagueño asegura que para él siempre «es emocionante» subir al escenario
28.01.08 -

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«Las gentes que aman la música no pueden ser malas personas»
BARÍTONO. Carlos Álvarez, en su camerino, durante la entrevista. / M. ROJAS
Es uno de los barítonos más celebrados del panorama internacional, con éxitos por aclamación en Viena o en el Teatro Real de Madrid. Y, sin embargo, el malagueño Carlos Álvarez es lo menos parecido a un divo. Cercano, cordial, exquisito en los modales que tienen su fondo en una mirada limpia, dice que «quien ama la música no puede ser mala persona». Pero tampoco hay candor en sus opiniones, elaboradas por una inteligencia que va a la par con una cultura sustantiva. Ha sido el protagonista este pasado sábado del estreno de la obra que cierra la LX Temporada de Ópera del Teatro Campoamor, en el papel de Macbeth, la obra de Verdi, adaptada por Micha Van Hoeke. La función se repetirá en la tarde de hoy y el próximo miércoles.

-¿Qué sensaciones tiene tras el estreno?

-Siempre me parece emocionante subir a un escenario, porque cada día es diferente. Lo que el público ve y escucha es el final de un proceso. Y en este caso, lo apreció desde la primera escena. Yo estoy muy contento y creo que también ese es el ánimo de los organizadores.

-La versión de 'Macbeth' que ofrecen está matizada por la inspiración oriental de un cineasta como Kurosawa. ¿Una traslación arriesgada?

-No es más compleja que el texto de Shakespeare. Además, la creación operística de Verdi es muy precisa. La extrapolación espacio-temporal incluso favorece la segunda versión de Verdi con la presencia del ballet. Se puede discutir si la estética es la más adecuada, pero la historia se cuenta bien.

-¿Qué dificultades técnicas e interpretativas plantea su personaje?

-A mí me gusta por la introspección a la que obliga y por sus cambios de registro. Primero, confiado; después, desconcertado... No sabe cómo reaccionar. Pero Verdi, afortunadamente, es muy descriptivo y construye las atmósferas necesarias que facilitan una base propicia para el cantante. Es un personaje exigente, al que yo siento como una provocación que me incita.

-¿Prefiere a los directores impositivos o a los que limitan la batuta a las sugerencias?

-No me he encontrado con ningún director impositivo, lo que no quiere decir que no existan. Yo soy muy dialogante e intento llevarlos a mi terreno. Al final, este es un trabajo de consenso. Y si somos honestos con las partituras, no hay posibilidades de imposición. Particularmente, con Verdi, que proporciona ideas muy claras.

-Si esas ideas abarcan la psicología de los personajes, cabe deducir que Lady Macbeth (la soprano Tatiana Serjan) ha de ser malísima...

-Pobre Tatiana (aceptando la broma)... Es una soprano encantadora que refleja muy bien la intensidad de la tragedia, el espíritu y la personalidad de Lady Macbeth. Pero es verdad que Verdi escribió cartas a su libretista en las que hablaba de la conveniencia de que quien interpretara a Lady Macbeth tuviera una voz desagradable. Aunque tal vez eso no fuera del agrado del público...

-¿Cuál es el secreto por el que Verdi sin renunciar al rigor clásico sea asimismo un compositor popular?

-Intuyó la necesidad de emocionar al público y revolucionó el mundo de la interpretación. No se trataba sólo de cantar, sino de ser convincentes como personajes. Siempre teniendo al público como objeto de su trabajo.

Música desde la base

-Siendo usted malagueño, ¿por qué la ópera y no el flamenco?

-El flamenco, también, pero como espectador. La verdad es que he tenido una formación musical planteada desde la base. En el colegio público al que asistía, en el año 1973, se organizaron una escolanía y una banda de la que han salido figuras que hoy son muy conocidas. Empecé en la escolanía y después estuve en varios grupos corales hasta llegar al Coro de la Ópera, en 1988.

-No es ese el ejemplo de la mayoría de los centros educativos...

-Abogaría porque fuera así. La música modula la actitud y la sensibilidad de los niños. Y si se extendiera, dejaría de ser un evento social para convertirse en lo que es. La música nos ayuda a conocernos y las gentes que aman la música no pueden ser malas personas.

-¿Sin excepción?

-Las habrá, pero serán excepciones...

-En su momento, hubo de optar entre la carrera de Medicina que cursaba o profesionalizarse como cantante. Está clara cuál fue su decisión, pero ¿la música puede curar?

-No sé si la música cura. El que estudiara medicina se relaciona con una vocación de servicio a los demás que he tenido desde muy pronto, y una vez que me profesionalicé como cantante, en algunas ocasiones no he dejado de preguntarme para qué sirve mi trabajo, aparte de procurar el deleite de los aficionados. Y tangencialmente, lo que sucede es que te da una relevancia que te permite intervenir en el nivel social y echar una mano.

-¿Qué importancia ha tenido Plácido Domingo en su carrera?

-No sólo la de darme una oportunidad y convertirse en mi amigo, sino la de ser un magnífico ejemplo de artista que siempre sube al escenario como si fuera la primera vez.

-¿Hay celos artísticos entre barítonos y tenores?

-No (prolongado), los tenores son mononeuronales, sólo pueden ocuparse de sí mismos (muchas risas). La verdad es que el trabajo es tan intenso que no es lo que tú quieres, sino lo que ha de ser. El protagonismo del tenor o del barítono depende sólo del compositor.

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