El interés de la hullera asturiana no es nuevo. En 1992 suscribió un protocolo con la filial española de la norteamericana Unión Texas para la prospección de los recursos de gas metano existentes en la cuenca carbonífera central. Hunosa buscaba reconocer así las posibilidades de comercialización del fluido en el marco de la política de diversificación que había emprendido.
Resonancias
Ahora, en la denominada 'operación Villaviciosa' se dibuja una especie de rectángulo en el que estudios geológicos anteriores indican que puede haber gas o petróleo. Primero será preciso delimitar las áreas de estudio y después realizar resonancias a través de ultrasonidos para explotar el subsuelo. La posibilidad de que exista gas o petróleo en las hectáreas elegidas no es una quimera. De hecho, el profesor de la Facultad de Geología de la Universidad de Oviedo y experto en extracciones, Manuel Gutiérrez Claverol, constata la posibilidad de encontrar metano, un gas asociado a la descomposición, hace millones de años, de materia orgánica. Lo deduce del terreno que van a estudiar, de unos 250 millones de años, con sedimentos areniscos y conglomerados.
La existencia de hidrocarburos en Asturias se conoce desde comienzos del siglo XX cuando se detectaron emanaciones de gas natural en las proximidades de Mina La Camocha, en Gijón.
Sin embargo no fue hasta finales de los años 60 cuando la sociedad española Ciepsa realizó las primeras prospecciones geológicas orientadas a la búsqueda de petróleo en la región. Inspeccionaron durante meses la zona comprendida entre Avilés y Villaviciosa y, aunque los resultados no fueron satisfactorios, eso no impidió que años después, las compañías Shell España y Campsa solicitaran y obtuvieran seis permisos de investigación de hidrocarburos, dentro de la concesión denominada 'Mar Cantábrico', ya en la zona precontinental de Asturias y Galicia.
Esta vez sí, los resultados del sondeo fueron calificados de «satisfactorios», pero problemas de carácter mecánico obligaron a cesar la actividad en la zona apenas dos meses después de que se pusieran en marcha los trabajos.
Por primera vez, se había confirmado la existencia de hidrocarburos en el Principado tras detectarse indicios alentadores de petróleo y gas desde los 865 metros de profundidad hasta los 1.140 metros y, singularmente, en la capa situada entre los 940 y los 950 metros.
Prospección geofísica
De manera previa a los sondeos, las compañías desarrollaron una campaña de prospecciones geofísicas con el objetivo de conocer la realidad del terreno. La técnica más utilizada en ellos responde al nombre de sísmica de reflexión, un mecanismo que, a través de ondas acústicas, permite obtener una imagen directa de la zona a perforar. Mediante ese método, se conseguían localizar aquellos puntos del subsuelo aptos para albergar petróleo, sobre los que luego trabajaban incansablemente las máquinas tuneladoras.
La prospección sísmica de la plataforma asturiana fue muy intensa, especialmente al Este del Cabo Peñas, que se prolongó hasta el año 1987.
Aunque resulta difícil precisar con exactitud el número global de perfiles sísmicos registrados, se estima que en el sector marino comprendido entre Gijón y Llanes se realizaron más de 170 líneas que en total cubren una longitud superior a los 2.000 kilómetros.
Según concreta Gutiérrez Claverol en su informe 'Prospecciones de hidrocarburos en la plataforma continental de Asturias', los distintos proyectos llegaron a superar los 50.000 metros perforados.
Alentadas por el éxito de la primera perforación, las mismas empresas continuaron el trabajo utilizando una gran plataforma que, con el nombre de Medusa, sirvió para profundizar hasta los 4.382 metros. El sondeo confirmó el interés de la zona, con concentraciones de metano, etano y propano, pero también de petróleo de buena calidad con una producción estimada, según cálculos orientativos, de hasta 7.100 barriles por día.
Con el paso de los años, las perforaciones se sucedieron a lo largo de la costa: Villaviciosa, Luarca, Lastres, Llanes... A partir de esos trabajos fue posible concretar las capas de subsuelo susceptibles de albergar petróleo, entre ellas el Cretácico Superior, el Cretácico Inferior, el Paleoceno y, sobre todo, el Jurásico. Este último es precisamente el apartado que, según los especialistas, queda por estudiar al detalle ya que al estar a mayor profundidad no ha sido objeto de demasiadas perforaciones.





