
El doctor Cortina ha sido uno de los pioneros en la cardiología regional y nacional, dirigiendo, durante tres décadas, el servicio de Cardiología del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA), puesto del que se jubiló hace dos años.
Dijo 'no' a la NASA
Nacido en Villaviciosa, fue unos de los primeros médicos en prescribir la aspirina como tratamiento preventivo para los pacientes con dolencias coronarias e introdujo las investigaciones con terapia celular en el complejo hospitalario ovetense. Su formación tuvo, desde el principio, un cariz internacional, ya que pasó por los mejores institutos cardiológicos del mundo, como los de Londres, Estocolmo o Estados Unidos (en el prestigioso Monte Sinaí). Incluso la NASA intentó ficharle como cardiólogo, pero su amor por la patria chica le llevó a rechazar la propuesta.
Su prolífica actividad le llevó a compatibilizar la atención médica con la docencia, de forma que dio clases en la Facultad de Medicina de Oviedo. Catedrático emérito de la Universidad asturiana, tuvo entre sus alumnos al actual consejero de Salud, José Ramón Quirós.
Hombre directo y claro, Arturo Cortina se muestra muy crítico con la situación sanitaria asturiana. Tal y como ayer adelantó EL COMERCIO, el cardiólogo considera que «muchos pacientes coronarios siguen muriendo en lista de espera», porque, asegura, que «la sanidad pública asturiana no tiene suficiente dinero y está colapsada». De hecho, el jefe de servicio de Cardiología del Central asevera que «con un problema cardiaco iría al Centro Médico (entidad privada radicada en Oviedo), que tiene médicos de la red pública, más dotación y confort».





