
Variaron los escenarios y también los menús, pero la premisa fue prácticamente la misma: disfrutar de una velada sin compañía masculina. Sea como fuere el plan, los hombres quedaron excluidos.
Los bares y restaurantes de la ciudad recibieron con menús especiales las cenas organizadas o improvisadas. La mayoría de las ofertas incluían platos típicos como frixuelos, picatostes y tortos con picadillo. La tradición se confundió con la novedad y muchas de las mujeres que salieron a comadrear optaron por la comida foránea. Fue el caso de Ana González y su familia, quienes acudieron a una pizzería del centro de la ciudad. «Ya no me acordaba lo que era salir sola sin mi marido; tengo tres hijos y hoy se quedaron con el padre, que una vez al año viene muy bien», comentó.
Junto a ella, las mujeres de una generación anterior rememoraban cómo celebraban les Comadres antaño. «Nos juntábamos más de veinte, cenábamos y bailábamos con la música de una orquesta; ahora, lo solemos celebrar con hijas, madres y consuegras; cenamos y luego... lo que se tercie», explicó Loli Castán.
A pesar de que la tradición perdura, la supuesta recesión económica dejó su mella en los prolegómenos del Antroxu. Algunos hosteleros gijoneses notaron un descenso en el número de reservas para cenar. «A lo mejor es coincidencia por la subida de las hipotecas, pero sí es cierto que hay menos cenas organizadas que otras veces; o se está perdiendo la costumbre o la gente tiene menos dinero para gastar»,anotó Faustino García, gerente de una sidrería de Laviada.
«No es día de dietas»
La dietista Paula Balmori y sus compañeras del Grupo de Coros y Danzas Jovellanos se reunieron ayer para cenar y «hablar de cualquier cosa que delante de los chicos no se pueden comentar», bromeaban. «Hoy -por ayer- no importa tener algún exceso con la comida o la bebida; ya está el resto del año para las dietas», afirmó Balmori.
La primera velada de Antroxu fue, como siempre, cosa de mujeres.





