OTROS EMBARRANCAMIENTOS
La costa gijonesa fue testigo de numerosos embarrancamientos a lo largo de la historia. A continuación se mencionan algunos de los más significativos y recordados de los últimos sesenta años. El carguero 'Castillo de Montjuich' encalló el día 17 de noviembre de 1947 cuando intentaba situarse de punta en el dique Norte (en la actualidad muelle Olano), después de descargar un cargamento de asfalto procedente de Filadelfia y cuando se disponía a cargar carbón en los viejos pórticos con destino a Barcelona. Los trabajos de rescate duraron hasta la madrugada del 26 de marzo de 1948 cuando, aprovechando la marea, pudo ser reflotado. Miles de gijoneses se desplazaron en tranvía a El Musel para ver el buque encallado.
El petrolero 'Campanario' encalló en los bajos de La Osa, donde ahora se encuentra el muelle, el día 22 de marzo de 1961. Procedía de Santa Cruz de Tenerife con un cargamento de 8.000 toneladas de fuel-oil, parte del cual se vertió a la mar al romperse alguno de los tanques. El resto fue transportado al petrolero 'Campodrón' y, gracias a ello, el petrolero pudo ser reflotado tres días después de embarrancar.
El 'Roumeli', un carguero de pabellón libanés de unas 11.000 toneladas de peso muerto, llegó a El Musel procedente de Bilbao para reparar en los astilleros de Juliana. El día 23 de enero de 1963, cuando estaba fondeado en la bahía del puerto, le fallaron las anclas y fue a encallar en lo que ahora son los muelles de La Osa. Se rescató el 11 de febrero y, posteriormente, estuvo a punto de hundirse y fue varado en la playa del Tallerín, en Jove. Luego, sería desguazado.
El 'Flying Sprays', carguero de pabellón norteamericano, procedía de Nueva York con una partida de 540 toneladas de maquinaria para la central térmica de Soto de Ribera. El capitán del barco intentó entrar en el puerto local en lugar de dirigirse a El Musel. Embarrancó en el 'Serrapio de tierra' en la noche del 29 de mayo de 1966. Fue desembarrancado dos días después.
El 'Castillo de Salas', de la Empresa Nacional Elcano, con 261 metros de eslora y 40 metros de manga, y con 99.277 toneladas de carbón en sus bodegas embarrancó frente al cerro de Santa Catalina el 11 de enero de 1986. Su agonía duró semanas. El buque llegó a partirse en dos y dejó una huella en la costa gijonesa que tardará decenas de años en recuperarse. El mineral sigue llegando a la playa de San Lorenzo. La popa del buque se hundió el 24 de enero. La proa, tras ser vaciada de carbón, es reflotada el 22 de febrero y hundida en una fosa de 4.000 metros a 40 millas al Norte de Cabo Peñas. El resto del buque fue troceado años después y extraído del fondo marino a una pontona, tras continuas revisiones técnicas. Con todo, el 6 de noviembre de 1986 las autoridades daban por concluido el rescate.
El 'Grand Felicity', granelero de pabellón panameño, estaba atracado en El Musel a la espera de cargar 15.000 toneladas de productos siderúrgicos. El 25 de marzo de 1986, por motivos que nunca se llegaron a aclarar, el buque rompió amarras y se 'escapó' de El Musel sin tripulación y a la deriva para pasearse delante de la playa e ir a encallar en los acantilados del cabo de San Lorenzo. El oleaje se encargó de destrozarlo en pocos días. Se especuló mucho con aquel accidente ya que el buque estaba atracado en puerto desde el mes de julio de 1985 por una huelga de la tripulación por no recibir sus salarios durante meses.
El 'Vakis Tsakiroglou', granelero de pabellón chipriota, embarrancó el 16 de abril de 1989 en el 'cantu' de San Pedro, a unos 546 metros del cerro de Santa Catalina. Estaba fondeado a la espera de entrar en el viejo muelle de los Pórticos para desembarcar 89.5005 toneladas de mineral de hierro procedentes de Brasil. Fue reflotado el 10 de mayo y remolcado al muelle de Minerales, aunque la descarga se llegó a realizar en el muelle Moliner. El 30 de junio de 1989, sin acabar la descarga, fue rebautizado como 'Niki' y el 10 de julio partió, remolcado, hacia un puerto portugués para ser reparado.
Era la madrugada del día 7 de febrero de 1983. El temporal del Noroeste arreciaba en el Cantábrico. Casi en la bocana de El Musel estaba a punto de terminar el plácido viaje del 'Newcrest', un carguero de pabellón liberiano, que venía remolcado desde el puerto inglés de Falmouth. Su destino era, inicialmente, el puerto de Avilés, donde se iba a mantener a la espera para entrar, luego, en San Esteban de Pravia para ser desguazado. La ría avilesina estaba cerrada y se optó por El Musel como puerto de abrigo. A las tres y media de la mañana rompieron las amarras y el buque, a la deriva y sin tripulación, fue a estrellarse de babor contra el acantilado del cerro de Santa Catalina. Sus restos formaron parte del paisaje de todo aquel entorno durante casi un año, tiempo que duró su desguace a pie de mar, seguido casi en directo por centenares de gijoneses. No fue el primer incidente en la costa gijonesa, ni sería el último. Años más tarde llegaría el episodio del 'Castillo de Salas', del 'Vakis Tsakiroglou' e, incluso, del 'Grand Felicity', que se 'escapó' de El Musel para ir a estrellarse en el cabo de San Lorenzo. Con todo, el 'Newcrest' sí fue el primer embarrancamiento de la democracia. El próximo jueves se cumplirán 25 años.
Destrozado por las olas
Fue una noche muy larga para los profesionales de El Musel y para la autoridad marítima. El remolcador 'Faneca' que arrastraba el buque desde costas inglesas no pudo controlar la situación y, una vez rotos los amarres, fue imposible reconducir el barco, que quedó totalmente a la deriva. Se intentó subir a bordo, pero el fuerte oleaje obligó a descartar esa posibilidad. El carguero, sin tripulación, recorrió en pocos minutos la distancia entre la bocana de El Musel y el cerro de Santa Catalina y fue a estrellarse contra la zona conocida como 'el Apagaderu', en el Fuerte Viejo, a unos 200 metros de la piedra 'El Cuervu', muy cerca del inicio del muelle de Lequerique.
El 'Newcrest' era un carguero de considerables dimensiones. Botado en el año 1959 en Belfast (Irlanda del Norte), tenía 147,33 metros de eslora, 19,13 metros de manga, 8.537 toneladas de registro bruto y 12.534 toneladas de peso muerto. Un problema importante si se tiene en cuenta que, casi desde el primer momento, quedó más que claro que habría que desguazarlo en el lugar del naufragio. El temporal había castigado su casco de tal manera que se hacía inviable la posibilidad de intentar reflotarlo, aunque sólo fuera para trasladarlo hasta El Musel. A ello, se añadía la preocupación por una posible contaminación por combustible. En los tanques del barco se calculaba que habría entre 20 y 30 toneladas, cantidad pequeña al navegar el carguero remolcado. Desde el Ayuntamiento de Gijón se tomaron desde el primer momento todas las medidas correctoras y aunque aparecieron algunas pequeñas manchas, la contaminación no fue muy importante.
Meses de trabajos
Empezó, entonces, una carrera entre las autoridades municipales para tratar de desguazar el buque cuanto antes. El día 22 de febrero, apenas dos semanas después del embarrancamiento, la Comisión Municipal Permanente adjudicaba el desguace en el mismo lugar del accidente a Desguaces Heme. El plazo, cuatro meses. Se tenía especial interés en dejar la zona limpia antes de que comenzara la temporada de baños. La realidad fue mucho más compleja. El buque seguía sufriendo los rigores del oleaje y cada vez estaba más destrozado. Parte de la chatarra extraída, no sin pocas dificultades, se iba almacenando en el cerro para transportarla, luego, en camiones.
De todas forma, llegado ya el verano, el 24 de junio, aún trataban de sacar los restos del carguero con una grúa instalada en el cerro de Santa Catalina. La dificultad era evidente porque la distancia al casco, unos 70 metros, hacía inviable subir piezas de gran tonelaje. Se habló de trabajar con una grúa instalada en una pontona de más de 50 metros de larga por 30 de ancha. La iniciativa se descartó porque no era técnicamente posible. Con todo, el puente, la chimenea y la cubierta ya estaban en tierra, pero quedaba mucho barco aún en la mar, sobre todo la 'zapatilla', una parte del cigüeñal y la hélice.
Había pasado ya la temporada fuerte de verano y, a principios de setiembre, el Ayuntamiento de Gijón, que entonces presidía el socialista José Manuel Palacio, reconocía que aún quedaban en la mar unas 1.400 toneladas del buque. No había forma de desguazarlo sin asumir muchos riesgos y llegó a ponerse sobre la mesa la posibilidad de dinamitar los restos. Como el caso de la pontona, también se descartó. Los restos del 'Newcrest' fueron sacados casi con cuentagotas durante ese otoño y el buque pasó a la historia, aunque nadie descarta que parte de su 'zapatilla' siga formando parte del paisaje submarino de los acantilados del cerro.
'Castillo de Salas'
El carguero de pabellón liberiano fue el primero de los embarrancamientos de la democracia en aguas gijonesas. Sus consecuencias no fueron muy importantes, si se comparan con el daño ocasionado sobre todo por el 'Castillo de Salas', que embarrancó el 11 de enero de 1986 con casi 100.000 toneladas de carbón en sus bodegas. El mineral acabó en el fondo del mar y forma parte, desde entonces, del paisaje de la playa de San Lorenzo. El 'Vakis Tsakiroglou' embarrancó el 16 de abril de 1989, pero pudo ser reflotado y remolcado a El Musel días después y tras no poca incertidumbre sobre su futuro. Llevaba 89.505 toneladas de mineral de hierro. El 'Grand Felicity' y su 'escapada' de El Musel también forma parte de esta reciente historia de accidentes en la costa gijonesa.