Una, no. Una les hubiera organizado algo más tipo la primera ronda del concurso de charangas que ayer noche presentaron divinamente en el Jovellanos Agustín y Marycarmen. Porque Carla y Nicolás son un poco Marycarmen y Agustín, que lo mismo te cantan un «número uno de las gasolineras y los puticlubs» que te venden un coche que te presiden un país vecino que te interpretan «un culebrón que triunfa en Miami, Cuba, Puerto Rico, Sotrondio, Ceares, la Casa de Cultura de San Martín de Oscos» y el Taj Majal.
«Ay, Marycarmen, qué curiosa yes, redios. Tas pa date con el extintor». «Ay, Agustín, pónesme como una perra, arrímame la cebolleta». Y así dos horas de reloj de ordinarieces al alto la lleva. Esto en París no pasa. Porque en las grandes capitales europeas el Antroxu, como las hemorroides y los bodorrios, se celebran en silencio y en la «estricta intimidad».





