
-¿Por qué Groucho Marx?
-Me gusta porque era un dios de lo irreverente.
-¿Es usted un habitual del Antroxu?
-Depende del ánimo con el que me encuentre. Este año me disfrazaré en casa de mi madre, en una fiesta para toda la familia. Iré de Groucho, aunque podría ir perfectamente vestido de perejil.
-Explíquese
-Porque mis hermanos dicen que estoy metido en todas las salsas.
-¿Cuál es el disfraz más original con el que se le ha podido ver por Gijón?
-El más curioso era uno de rapero negro, que iba por plena calle Corrida bailando con una radio enorme y no me conocía ni Dios. Al final lo importante es eso, que no te reconozcan. Si lo hacen, es que algo ha fallado en el disfraz.
-Para ir bien en Antroxu ¿hacen falta horas de sesión o se puede lograr una buena caracterización con sólo cinco minutos de maquillaje?
-Se puede con tan sólo cinco minutos y con imaginación. Si no hay imaginación, da lo mismo que estemos unos minutos o dos horas
-¿Falta un poco más de humor y descaro en la política?
-No, de hecho creo que Gabino demostró que hay humor en las alcaldías. A mí me cae muy simpático. Es muy grandón, como somos aquí en Gijón. Le veo como un espía de Paz, muy gijonés.
-¿Nos sorprenderá con algún monólogo en el Congreso?
-Seguro que sí, y espero que no falte su boina. Así no se le escaparán las ideas (ríe).
-Como estilista, ¿se ven muchas atrocidades estéticas estos días por la calle?
-Se ven muchas más en el día a día que en Antroxu.
-¿Alguna vez le sorprendió ver disfrazado a alguien a quien no se imaginaba en este ambiente?
-Sí, especialmente una vez que me encontré a una persona que es de lo más serio. Pero no te voy a revelar quien era, aunque es un nombre muy famoso.





