CADA época tiene su canción. Ahora se llama la canción del verano, pero antes no era así. Era la época de los grandes bailes en Somió o La Guía y los cantares o las canciones eran distintos. Por ejemplo, en los años cuarenta se bailaban piezas como 'Al compás del tururú' o 'La silla vaquera', se bailaban dando saltitos y con la mano hacia abajo, al menos en Somió, que era donde yo iba desde 1943. Años más tarde, en 1945, las piezas más comunes eran 'Santa Marta tiene tren, pero no tiene tranvía', 'La vaca lechera' o 'La caravana con sus cantos y risas'. Se bailaban ya con la mano hacia arriba y no se daban saltitos como antes. Las mejores orquestas de España pasaron por Gijón. Desde Los Galindo y sus boys, a La Musseta, la Casablanca, Napoleón Zayas, Rudy Bartko, Los Fachendas y un largo etcétera, con sus solistas, como Lolita Garrido, Conchita Bautista y Elsy Bayron, sin olvidarnos de la gran orquesta local, titular de la sala Acapulco, que dirigía Antolín de la Fuente y que tenía entre sus canciones principales 'Violeta' o 'Zapato cuesta dinero, dinero cuesta ganar'. Era una orquesta tan buena como las mejores de Madrid o Barcelona. Todo esto se perdió cuando vinieron orquestas de tres o cuatro maestros, con sus cintas grabadas, que pasaban de los decibelios que hoy serían permitidos y que tronaban en el desaparecido Náutico. Los tiempos cambian, los gustos también. El Real Grupo Covadonga ya no organiza verbenas como antes, ni existe el Japonés -luego Gijonés- con sus bailes de papel o los del Grupo, como 'Los Chorones', 'El baile de oro', 'El baile blanco' (los señores de oscuro y las señoras de blanco), 'El trébol' y 'El paraguas', especial en el Grupo porque siempre llovía u orbayaba. Había buen humor, alegría, compañerismo y Gijón se divertía de lo lindo mientras se bebía una compuesta dulce, seca o semi-seca, un 'portoflit' o cualquier otro combinado. Un ayer que nunca volverá. Ya quedamos pocos para recordarlo.