
El salón parroquial fue un desfilar continuo de personas. Nadie quiso quedarse sin sus rosquillas y, en poco más de una hora, se vendió la media tonelada que las mujeres de la parroquia habían envasado durante los últimos días.
Mientras esperaba, Eduardo Castiello, nacido en Jove e incondicional de esta fiesta durante los últimos cincuenta años, explicaba que la «efectividad» de este dulce: «Es cuestión de fe, pero los que creen dicen que curan y protegen la garganta».
Según relataba Laura Hevia, catequista y colaboradora de la parroquia, «la receta de este afamado dulce permaneció muchos años en secreto. Sólo la conocía la mujer que cuidaba del párroco hace mucho tiempo. Con el paso de los años, se la desveló a un grupo de mujeres de Jove, que acabaron encargándose de su elaboración. Al final, la demanda creció tanto que las reposteras no podían satisfacer tantas peticiones y en la actualidad las rosquillas se encargan a un obrador».
Poco antes de que se formasen las colas para besar la reliquia y adquirir rosquillas tuvo lugar una eucaristía presidida por el vicario general de Asturias, Juan Antonio Menéndez. La celebración comenzó al mediodía y a ella asistió la Asociación de Laringetomizados de Asturias.
«Nunca llueve»
Tras la eucaristía, la imagen del santo salió en procesión acompañada por el sonido de la gaita y el tambor. La lluvia respetó los actos de por la mañana, como ya viene siendo habitual. José Manuel Álvarez aseguraba orgulloso que, en los once años que lleva en la parroquia, nunca ha llovido durante esta fiesta. El agua apareció por la tarde, pero no impidió que los fieles acudieran a la misa vespertina en la que se llevó a cabo la bendición de los más pequeños. «Es una ceremonia muy bonita. La iglesia se llena de parejas jóvenes con sus bebés o abuelos con sus nietos», comentaba el párroco.





