«A mí, los asturianos me conocen sobradamente, así que no soy ninguna sorpresa», pensaba yo para mí mientras las chirigotas se sucedían. Ellas venga dale que te pego con toda su buena voluntad y todo su arte, y yo, nada, oyes. Yo, impertérrita.
«Ahora bien, que si votar me voten, vamos a echarnos unas risas que se funde el misteriu gracies a mi estilo desenfadado y juvenil. No les digo más que esto va a ser un no parar, venga de privatizar y construir, de construir y privatizar. Parez que lo estoy viendo. Toda la región monérrima y dinamizada, como minimalista, muy blanco Calatrava y de lo más igualitaria gracias al modelo liberal que funciona desde que yo soy alcalde y no cualquier otro», barruntaba mediada la gala, ya como poseída.
«Y la oposición lleva años diciendo babayaes, prubitinos, y Ovidio ta alloriau y el Niemeyer pa Avilés forever». Menos mal que, en eso, intevino Marycarmen, que a veces le da al rollo bollo: «Yo, con mi Pili Fernández de El Pardo, estoy dispuesta a pactarlo todo». Y ya me tranquilicé.





