
La historia de Cecilio y Mercedes, explicó el director de la Residencia, Rafael Alonso, «es la de dos trabajadores». Cecilio, colungués de nacimiento y ya con dos biznietos, se jubiló de su empleo en un aserradero en El Llano hace tres décadas después de trabajar «en un horno alto de Moreda», pero se acuerda bien de aquel tiempo de tarea abundante y ningún lujo. El 'Abuelo Mayor', que estuvo casado 53 años hasta enviudar, tomó hace pocos meses la decisión de irse a vivir a la residencia de mayores de Pumarín con su compañera, Nieves Prendes, la persona que le cuidó cuando, hace unos años, «estuvo muy malín».
«Hace poco pensamos que igual nos poníamos enfermos y que había que arreglarlo todo para vivir aquí», explicaba, «encantau de la vida», Cecilio, sin perder ni un momento la sonrisa. «Y aquí vivimos los dos juntos como amistades en una salita con dos habitaciones. Mira qué reloj me regaló el hijo de Nieves, que me quiere como si fuera adoptivo», presumía mientras sacaba una cadena de plata del bolsillo pantalón.
También Mercedes Vega recibió los bailes y la música del grupo folclórico del Colegio Julián Gómez Elisburu, el ramo de flores, la placas, el transistor regalo de la Consejera, los canapés, la tarta y la sidra achampañada con un humor envidiable. Mercedes nació en La Serna, «cerca de Guardo, provincia de Saldaña», recitaba de corrido, pero se trasladó a Asturias junto a su marido, ya fallecido, «hace sesenta y pico años». Él trabajaba como mulero en una mina mientras ella sacaba adelante a sus cuatro hijos y «ganaba una peseta si se podía». «La guerra nos cogió con los cuatro muy pequeños», hacía memoria la 'Abuela Mayor' de Pumarín, una mujer de carácter firme e independiente que lleva 18 años en la residencia pública del barrio. «Tengo la habitación 740 para mí sola. Allí no me estorba nadie, el personal nos trata con mucho cariño y nunca me faltan visitas. Si volviera a nacer mañana, volvería a meterme aquí. Nunca quise ser un cargo para ningún hijo y lo conseguí».





