Porque mi consejera portavoz no sólo es del mismo Piloña. También es profunda, filosófica, kantiana. Y cuando mi consejera portavoz afirma que algo es trascendental se refiere en realidad a lo que es real pero excede de los límites de la experiencia, que quier decir que la visita de mi Maleni va a ser una experiencia extrasensorial y ultrasensible como vivir partida y no doblada, como hablar el lenguaje de las vías del tren-tran y traducirlo.
Quier decir que la visita de mi Maleni va a ser como ganar en El Molinón con ese terror patológico tan grande a la presión de la afición, que es un poco lo que le pasa a mi ministra de Fomento cuando, en vez de a Cudillero a recoger la «Parrochina de Platino», le toca jugar en el Camp Nou.
Que la visita de mi Maleni, en fin, va a ser como si La Camocha fuese un Sambódromo y el Huerna un Carnaval. Porque mi Maleni, ahí donde la ven, es ministra de Fomento porque ella quiere. Porque si a Maleni le diese por la gana podía ser ministra de Fomento, princesa de Contrueces, marquesa de Tremañes, condesa de Somió y La Atalaya, reina de Unquera y Llanes.





