
María Peláez Escobar era el nombre bautismal de esta mujer, hija de ilustres llaniscos que se crió, no obstante, en Villalón de Campos, en la provincia de Valladolid. Con tan sólo 10 años ingresó como novicia y recibió un nuevo nombre: Sor María de Santo Tomé. Dicen que viajó a pie desde Castilla hasta Llanes, una travesía que duró tres meses. Sin duda ésta era una mujer de voluntad inquebrantable. Consiguió financiar, como bien pudo, un convento en Llanes, hoy convertido en hotel, y más tarde otro en la villa de Gijón, donde ahora está el edificiio de Tabacalera.
Curiosamente, fue el Ayuntamiento de Gijón el que fue a buscarla a Llanes en 1668. Por aquel entonces, en la ciudad no querían dejar entrar a ninguna congregación, ni de frailes ni de monjas. La excepción fueron las hermanas Agustinas Recoletas, que fueron recibidas «con gran pompa» por los gijoneses. De esta manera, se convirtieron en la primera congregación religiosa que hubo en la ciudad. El Ayuntamiento le proporcionó los terrenos y luego ella pidió ayuda al pueblo de Gijón, que por aquel entonces rondaba las 800 personas. Fue así como Sor María de Santo Tomé consiguió construir su convento, que se terminó en el año 1684. En el siglo XIX el edificio fue desamortizado y las hermanas Agustinas Recoletas se vieron obligadas a instalarse en Begoña, que por aquellas fechas tan sólo era un conjunto de prados. Posteriormente residieron en otro convento situado en la plaza de San Agustín, llamado cariñosamente por los gijoneses 'el conventín'. Este edificio fue destruido durante la guerra, de manera que en el año 1947 las monjas compraron al Arzobispado un terreno en Somió. En esta parroquia se encuentra hoy el monasterio de la Purísima Concepción y allí residen las hermanas agustinas.
Tabacalera
Por otra parte, el edificio de Cimadevilla fue transformado en Tabacalera, hasta que la multinacional Altadis la clausuró en 2000. Actualmente, el Ayundamiento quiere convertir la vieja fábrica de tabacos en un museo de referencia. Se está trabajando en un nuevo acceso trasero que comunique su parcela con el cerro de Santa Catalina. Fue precisamente durante una prospección del subsuelo del edificio cuando los arqueólogos de Terra Arqueo descubrieron, entre otras curiosidades, lo que podría ser un sarcófago de madera junto con los restos óseos de un único cadáver, que podría ser el de Sor María de Santo Tomé.





