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Oviedo

EL AYUNTAMIENTO DE OVIEDO ENTREGA LA MEDALLA DE ORO A LA UNIVERSIDAD
Discurso íntegro del rector Juan Vázquez
09.02.08 - 10:58 -

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Muchísimas gracias Alcalde, Concejales, por esta distinción que es para nosotros de las más queridas porque la otorga la ciudad que nos da nombre, en la que hemos nacido y en la que hemos vivido y crecido en estos cuatrocientos años de los doce siglos que celebra Oviedo. Y gracias a Javier Neira por su glosa de la Universidad y de Oviedo y de ambas cosas reunidas en la Universidad de Oviedo.
Ahora que Oviedo es una ciudad de cine (Wooddy Allen, Garci o Gonzalo Suárez, entre otros, lo atestiguan), este premio viene a ser para nosotros como el Oscar honorífico a toda una vida, aunque quizá sea también el reconocimiento, un siglo después, al autor de la mejor película que se haya escrito sobre Oviedo: la Regenta. Vayamos un momento a ella y a su época.
Desde la torre de la catedral el Magistral con su catalejo hace un “traveling” sobre la escena y se detiene en otra torre vecina, la de la Universidad. Antes de que otros edificios osasen hacer cosquillas en el cielo, ésas fueron las dos torres de la ciudad de Oviedo; ambas equidistantes de este lugar en que nos encontramos, el Ayuntamiento, para dibujar en un triángulo el corazón que da vida a esta vetusta ciudad de Oviedo.
La torre universitaria tuvo siempre vocación de observatorio y aspiró incluso a convertirse en faro. De hecho no es el magistral quien la mira sino Clarín quien le hace mirar desde ella, desde una Universidad casi ausente de la Regenta porque no forma parte de la escena sino del espacio reservado para el director, porque no es el mundo que se quiere retratar sino desde el que se hace la radiografía. Es una torre, la de la Universidad, que se alza para ver y para que la vean, que no se eleva para alcanzar el cielo sino para ganar perspectiva sobre la tierra y en la que parece importar tanto la base como la altura.
En la base es Clarín quien forja sus cimientos y eso es una garantía para remontar en cualquier momento el vuelo. A ras de suelo son Canella, Aramburu, Sela, Buylla, Posada, Altamira y los hombres del “Grupo de Oviedo” quiénes alumbran el espíritu de la Extensión Universitaria, quiénes dan luz a las primeras luces de un reformismo social que ha de extenderse por toda España, quiénes miran alto y lejos hacia Europa y América para que llegase un día en que unos y otros pudiesen encontrarse en las noches de la calle Mon. Son ellos, en fin, los que nos forjan un alma reformadora y renovadora que constituye una de las más fundamentales e irrenunciables esencias de esta ciudad de Oviedo.
A la intemperie de tempestades y calmas, ahí está viendo pasar el tiempo esa torre vigía de una expansión universitaria que ha ido en la dirección de todos los puntos cardinales y que impregna todos los poros de la ciudad. Ahí sigue esa atalaya con vocación de observatorio y de cabeza pensante para contemplar la memoria del tiempo pasado y, sobre todo, para atisbar el rumbo del tiempo que está por venir.
A esa torre volvemos a subir hoy simbólicamente al recibir este premio que es un reconocimiento a nuestra historia y un estímulo para nuestro porvenir, al celebrar esta prometedora edad de cuatrocientos años en que sentimos orgullo de nuestra tradición para tener ambición de futuro y en que nos decimos a nosotros mismos que si son importantes los años que tenemos, los que de verdad importan son los años que nos quedan por tener.
Con esta Medalla hoy en la mano nos sentimos si cabe más Universidad de Oviedo y, a la vez y por eso, más universidad de toda Asturias. Nos sentimos hoy especialmente la universidad de Vetusta y, en cierto modo, una universidad vetusta, que no quiere anticuada sino añeja y con solera, que no es vieja sino histórica, que no significa rancia sino clásica, más allá de lo efímero de las modas. Porque vetusto no es lo que tiene muchos años sino lo que acumula muchas vivencias, lo que implica futuro, tiempo vivido de tal modo que tiene futuro, que se abre a la posteridad. Y por eso, la Universidad se ve a sí misma no como lastre, ni rémora, ni ancla sino como motor, impulso y estímulo para el tiempo que ha de venir.
Lo que vislumbramos en ese tiempo que está viniendo, que está por venir, nos incita a ser la universidad que hace ciudad, ciudad del conocimiento, de la ciencia y de la cultura; nos convoca a esta hora de renovar la alianza de la universidad con la ciudad para consolidar una relación de cuatro siglos y para hacer juntos todavía algo mejor, sintiendo a nuestro lado el aliento de una ciudad comprometida con la universidad.
Con el alma renovadora de los hombres del “Grupo de Oviedo” queremos ser en nuestros días universidad que hace ciudad de la formación y de las personas; que hace de palanca de incardinación social, de implicación ciudadana y de definición de políticas de relación con los jóvenes; que engarza con la ciudad funciones de liderazgo cultural, de difusión de ideas y de espacio para la creatividad y la innovación.
Con las oportunidades que ofrecen los nuevos modos de relación entre las universidades, el territorio y el entorno, aspiramos a ser un instrumento de articulación de la trama urbana, una pieza indispensable de un modelo y de un proyecto de ciudad y a profundizar en los mecanismos de coordinación adecuados que nos permitan la capitalización plena de esos espacios articulados e integrados de relación que han de ser los Campus.
Y con las nuevas tendencias de estos tiempos, queremos poner al servicio de la ciudad el capital científico e intelectual que representa la universidad; queremos ser universidad que hace ciudad de nuestros días, que es la ciudad del conocimiento; universidad que sume a la ciudad los nuevos parques que son los científicos, los nuevos polígonos que son los del conocimiento, los nuevos conceptos de universidad emprendedora e implicada plenamente en los procesos de innovación tecnológica, de competitividad territorial y de desarrollo social.
Con esos propósitos, con esos deseos, recojo esta destacadísima y querida distinción, que agradecemos profundamente y que valoramos extraordinariamente, Gracias, de nuevo, Alcalde por la iniciativa de otorgárnosla y gracias a todos los grupos municipales por su apoyo unánime al concedérnosla. Siento la satisfacción añadida de corroborar que la universidad es capaz todavía de generar consensos y tengo la confianza de que ese consenso para reconocer la historia podremos repetirlo para construir el futuro de una universidad que se siente ovetense y de una ciudad que se siente universitaria y para construir juntos la sociedad, la universidad y la ciudad del conocimiento.
Muchas gracias

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