
Su villa natal se volcó en el acto, organizado por el programa cultural Bravo Asturianísimo, con presencia no sólo de numerosas entidades, como la Asociación de Festejos San Justo, la Asociación San Justo Pastor, la ya citada Castiello de La Marina, la de San Miguel de Arroes, la Sociedad Cultural Recreativa Clarín, de Quintes, o la Asociación Cuídome-Cuídame (que actuó para él), sino, también, del propio Consistorio, representado en la persona de su teniente de alcalde, Juan Basilio González.
Entre todos, agradecidos «por más de 30 años de información de la villa y Les Mariñes», consiguieron lo que parecía imposible: que al imperturbable Caso, que lo mismo informa de las fiestas de El Portal que del Festival de la Llámpara o de la última polémica política, sin olvidar a su Quintueles del alma, le temblaran las manos (entre las que no estaba su sempiterno farias), la voz y hasta el lagrimal.
Y no es cosa fácil lograr esto en un hombre, como recordó el director del programa, Gonzalo Mieres, al realizar la semblanza del homenajeado, que «conoce bien las tablas», ya que hizo sus pinitos como actor y triunfó como cantante, una pasión de la que, bromeó, «le apartó Menchu Álvarez del Valle (la abuela de la Princesa Letizia) cuando no le dio el primer premio de un concurso por dedicar su actuación». A pesar de los reiterados intentos de la organización de que quien firma como L. Caso entonase alguno de los corridos mexicanos que le hicieron famoso como El Charro Negro, el cronista maliayo aguantó el tipo: «Ya no tengo voz para hacerlo».
Pitillos a escondidas
De hecho, haciendo gala de su proverbial timidez, Caso, como se le conoce en esta casa, empezó su discurso diciendo que «si he sido un mediocre cronista, imaginaos lo que puedo ser hablando...» frase que la concurrencia no le dejó terminar, al arroparle con un gran aplauso. Agradeció Luis un homenaje del que dijo, sin rastro de falsa modestia, «que no merezco y que, si lo he aceptado, es por respeto a todas estas personas que han querido organizarlo».
Trofeos (de Bravo Asturianísimo y de EL COMERCIO), placas (de los ayuntamientos de Gijón y de Villaviciosa), cuadros, insignias y hasta plantas fueron siendo colocadas a los pies de un emocionado Caso, que se apoyaba fuertemente en su puntal desde 1961, su mujer Ana Cardeli, que le acompañó en el escenario del Jovellanos, mientras en la primera fila del patio de butacas hacían lo propio su hija, Ana María, y sus nietos, Chus y Javier.
Pero no todo fueron regalos. El primer teniente de alcalde maliayo, que no sólo le nombró «maestro cronista», sino que ofreció el remodelado Teatro Riera «para acoger Bravo Asturianísimo en cuanto abra sus puertas de nuevo», dio la exclusiva que Caso quería ocultar. «Que me perdone su mujer, pero todos los días disfruto de la compañía de Caso que, mientras fumamos, me ilustra sobre la historia de la villa», confesó. No sabemos si Ana le perdonó. Tampoco si lo hizo Caso.





