
-¿Cómo convierte su pasión en una profesión?
-Me introduje en el círculo artístico profesional de la mano de la sala de arte Van Dyck. Así adquirí una formación directa y real de todo lo relacionado con la parte comercial y técnica de este mundillo. Esta experiencia profesional me ofreció la posibilidad de compartir trabajo con primeras firmas nacionales y regionales de pintura y escultura, y me abrió las puertas a un mundo totalmente desconocido para mí hasta ese momento. Me proporcionó una tremenda dosis de creatividad. Así confirmé definitivamente mi condición de artista.
-¿Cómo empieza a realizar sus grabados?
-Aunque siempre navegué entre la escultura y la cerámica, mi otra gran pasión es el arte gráfico, el grabado. Di con él por casualidad. Fui al Palacio de Revillagigedo a ver una bienal de arte gráfico y coincidí con un pequeño taller de grabado que había montado la Escuela de Artes y Oficios de Oviedo. Me invitaron a realizar una estampa y así lo hice. Fue un flechazo.
-¿Qué representa para usted el grabado?
-Además de la estampa clásica, un mundo infinito de posibilidades, de color, de formas, olores y texturas que los artistas, los aficionados y los coleccionistas están redescubriendo en nuevos e imposibles formatos y soportes.
-¿Cómo ve el arte gráfico en Asturias?
-En Asturias existe quizá la cantera de artistas gráficos más importante de España. Los premios los avalan, y entre ellos ha surgido el único grupo de grabadores que existe en nuestra región. Se llama Tornasol, y tengo el honor de ser uno de sus miembros fundadores.





