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Cultura

PILAR ALTAMIRA NIETA DEL HISTORIADOR RAFAEL ALTAMIRA
«Mi abuelo abrió el cauce para todos los hispanistas»
La nieta del historiador Rafael Altamira participó en el homenaje que le tributó la Universidad de Oviedo Presentó una reedición de su obra 'Mi viaje por América'

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«Mi abuelo abrió el cauce para todos los hispanistas»
SALUDOS. Pilar Altamira recibe el saludo del rector de la Universidad de Oviedo, Juan Vázquez. / MARIO ROJAS
Han transcurrido casi cien años desde que el historiador Rafael Altamira diera a la imprenta su obra 'Mi viaje por América', un texto adelantado y precursor para todos los investigadores que han puesto el horizonte iberoamericano entre sus materias de estudio. Fue editado en 1911. Ayer, la Universidad de Oviedo presentó una reedición que al decir de la nieta del insigne polígrafo, Pilar Altamira (Riaza, Segovia, 1939), era reclamada de modo perentorio tras su descatalogación.

-¿Los lectores de hoy sacarán las mismas conclusiones que los de antaño?

-En este caso, la distancia temporal puede ser positiva. Por entonces, todavía estaba muy cerca la descolonización y, especialmente, en Cuba, se planteaban reticencias a que un español se inmiscuyera en sus asuntos. El historiador cubano Fernando Ortiz, que había estudiado en España y admiraba mucho a mi abuelo, sin embargo tuvo una polémica sonada con él. No se aceptaba de buena gana ni las intervenciones españolas ni las norteamericanas. Se reivindicaba lo genuinamente cubano.

-¿Cuál es la importancia de esa apertura que realiza Rafael Altamira hacia Iberoamérica?

-Todos le reconocen como el padre de los hispanistas. Es el primero que abre ese cauce. Cuanto se ha hecho después, tiene ese modelo en la base.

-¿De dónde le surgió la vocación iberoamericana en una época en la que no despertaba demasiada pasión entre otros intelectuales españoles?

-Su convicción era que el papel de España en Iberoamérica había sido malinterpretado por los europeos. Y, sin omitir los errores, quiso contribuir a subsanar ese malentendido. No es que no fuera europeísta, que lo era; pero de distinto modo, por ejemplo, que Ortega, quien afirmaba que en primer lugar debíamos aprender de Europa, y sólo después enseñar a los iberoamericanos.

-El viaje se prolongó a lo largo de diez meses (Argentina, Uruguay, Chile, Perú, México y Cuba). ¿Tuvo riesgos y dificultades?

-El viaje lo propuso el rector Fermín Canella, que respaldó en todo momento a mi abuelo. La Universidad de Oviedo (donde Rafael Altamira ejercía la docencia), que conmemoraba su tercer centenario, era pionera en relaciones internacionales. Pero, claro, tuvo dificultades, sobre todo financieras. Hubo de poner dinero de su bolsillo, y serían los indianos quienes lo acabarían sacando de apuros con aportaciones muy generosas.

-Ya en calendarios más próximos, fue juez del Tribunal Internacional de La Haya y allí le sorprendió la guerra civil, quedándose para siempre en el exilio...

-Franco le envió dos embajadores a México para que regresara y los despidió de su domicilio. Contestó que mientras España estuviera gobernada por un traidor al ejército republicano y un usurpador, no regresaría. Y en México falleció, en 1951, sin volver nunca.

-¿Qué relación mantuvo con Clarín?

-Enorme. Fue quien le descubrió cuando todavía era muy joven, por críticas literarias que escribía en los periódicos. De no haber sido historiador, la literatura era lo que más le gustaba. Se nota en el estilo de sus libros y conferencias.

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