
En una línea intermedia, donde se cruzan herencias asturianas, españolas, irlandesas e incluso de raíz norteamericana, canta, toca la guitarra y nos hace bailar Toli Morilla, que ayer presentó su último disco en el Teatro Jovellanos, 'Entropía'. Folk, pop y rock, «para poner orden en el caos», como ha afirmado el propio artista.
Compositor de primera hora, que estuvo junto a Hevia en aquel clamoroso éxito que fue 'Tierra de nadie', deleita con aires frescos desde que se decidió a dar el paso de colocarse ante los micrófonos, ya con 'Nunca des la espalda' (1998) o 'Entre el barro y las preguntas' (2003), o 'Nueche d'insomniu' (2004).
La velada del Jovellanos tuvo algo de compendio. Memoria y presente.
De 'Entropía' se pueden decir muchas cosas y todas buenas. Para empezar, la excelente selección de los textos en los que participan, entre otros, Luis García Montero, Xuan Bello, David González, Pablo Rodríguez Medina con todos sus premios literarios o el fallecido Mánfer de la Llera. Un repertorio extenso e intenso que por momentos se hace complementario, en el que ha tenido una trayectoria fulgurante 'Azul y gris', con letra de Marta Mori, una de las piezas más celebradas de la noche. Pero al lado de la cual mantuvieron idéntica persuasión, plasticidad y fuerza rítmica canciones como 'El tren' (Bello), 'El infierno' (Marta Laruelo), 'Alquitrán' (David González), 'Señor de la noche' (García Montero) o 'Cuando nadie lo ve' (letra y música de Toli Morilla), sin menoscabo de las demás.
Y un punto y aparte definitivo merecen los exquisitos músicos que acompañaron a la figura principal, recorriendo una gama de instrumentos en la que cupieron los clásicos junto a los electrónicos. Jorge Otero, Paul Bertrand, Alex Blanco y Frank Delgado.
La única objeción que cabe poner es que fue más estimable el concierto que la asistencia del público, un tercio del aforo.





