En los colegios se come entre las once y las doce del mediodía, y sólo disponen de media hora. En las escuelas finlandesas se cuidan mucho las formas. Los niños se sirven su menú y, cuando terminan, dejan la mesa limpia, recogen y colocan platos y cubiertos ordenados en los carros.
Nada que ver con el sistema español, donde los padres pagan una factura por la comida de entre 50 y 80 euros mensuales. Es frecuente que los menús vengan preparados y empaquetados desde una empresa de hostelería, y abusen de las grasas. Los cuidadores suelen ser los monitores de las propias empresas de 'catering' -una gran parte de los docentes españoles vuelve a su casa a comer-. Hay un parón entre las clases de la mañana y la tarde de una o dos horas, que los pequeños aprovechan para disfrutar de un 'recreo' prolongado.
Vigilancia
En Finlandia, profesores y alumnos comen juntos. El mismo menú y a la misma hora. Con los grupos de los más pequeños se sienta algún maestro. Los más mayores están en las mesas solos. Los propios profesores les vigilan durante la comida y en el escaso espacio que queda desde la salida del comedor hasta el inicio de las clases de la tarde.
Los profesores cuidan los patios en actitud vigilante. Una gran parte de las escuelas ha incorporado una nueva figura a sus plantillas: es el cuidador 'antiacoso escolar', encargado de detectar cualquier situación de 'bullying' en los patios.
Llevan unos chalecos especiales, con el logotipo del proyecto. «Participamos en un programa del Ministerio de Educación llamado 'escuelas agradables', con el que queremos prevenir el acoso entre los estudiantes. Además de la vigilancia en los patios, damos charlas semanales a familias y alumnos para formarles», explica una cuidadora antiacoso de la escuela de Raisio. «En Finlandia son muy previsores. Les gusta tener todo previsto y anticiparse a los problemas. Es su carácter», dice la profesora de español Begoña del Barrio.





