A esa cantidad hay que añadir las inversiones imprescindibles para la estación intermodal de la Puerta de la Villa y las obras complementarias, incluidas la estación del campus universitario y la aneja al Hospital de Cabueñes. La suma total ascenderá sin dificultad a más de 600 millones de euros, como mínimo, lo que significaría un promedio de inversión en Gijón, por este concepto, de más de 60 millones de euros al año durante los dos lustros que transcurrirán entre el comienzo de las obras de este conglomerado infraestructural y su final previsible, en 2013. Probablemente, más que la inversión inicial prevista para la ampliación de El Musel. O sea, actividad económica y creación de riqueza.
No parece que en este sentido haya motivo para quejarse de la generosidad estatal con Gijón, aunque una contabilidad correcta debería descontar de las cifras anteriores los ingresos procedentes de las plusvalías por la recalificación de los terrenos afectado. Todo ello no excluye el ejercicio de la discrepancia, que, sin embargo, a veces adquiere matices sorprendentes, como cuando la legítima reclamación contra el padecimiento de las sombras debería compatibilizarse con la solidaridad en el disfrute de los beneficios derivados de la futura revalorización de los bienes concernidos.





