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GIJÓN
Muerte dulce
22.02.08 -

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PUES ya ves, lo de que España puede sufrir peligro de ruptura no me parece, simplemente, un cuento para asustar a niños de derechas. Ignoro lo cerca o lejos que estamos del punto sin retorno porque nos movemos aún en el plano de los envites sin que nadie haya descubierto todavía las cartas. En suma, es difícil evaluar el alcance de los síntomas pero los síntomas están ahí y parecen crecer más que atenuarse.

La cuestión esencial no es que el Estado adelgace progresivamente a partir de la cesión de competencias o porcentajes fiscales a las autonomías. Esto, con ser importante, no pasa de lo económico y administrativo y los soportes de lo que es una comunidad nacional -estado, nación, patria- no anclan en lo administrativo o en lo económico sino, más bien, en el sentimiento de pertenencia a ella de los individuos que la integran. La pertenencia a una comunidad se siente en lo emocional y se sabe en lo racional. Me siento español -no se precisan lágrimas de emoción- y me sé español y no me interesa hurgar en qué precede o soporta a qué.

Este mecanismo de adscripción no funciona respecto a España en buena parte de los ciudadanos de algunas autonomías, en gran medida porque, a la edad infantil de los mensajes emocionales, han sido inoculados -vía educación transferida- por el germen de otra pertenencia presentada como incompatible con la española y excluyente de ella. Así pues, y al margen de la coyuntura política de cada momento, no es exagerado pensar que o se reconduce esta situación reasumiendo el Estado contenidos educativos orientados hacia la armonización integradora o la idea de España seguirá el proceso paulatino pero inexorable de disolución hasta un punto indeterminado en el que bastará certificar, ad-ministrativamente, su defunción.

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