
Un día tras otro, el anticiclón se ha hecho ya algo habitual en la ciudad y los más avispados -o aquellos que disponen de más tiempo libre- no dudan en encaminarse cada mañana al Paseo del Muro para, una vez allí, sustituir el paseo litoral por la propia arena de la playa. No puede decirse que haya una invasión 'made in agosto', pero en San Lorenzo podían verse ayer, al igual que el resto del mes, un buen número de personas en traje de baño; unos concentrados, sobre la toalla, mirando al sol de febrero; o otros de paseo, sin camiseta siquiera, recorriendo el arenal de izquierda a derecha y de derecha a izquierda, en un alarde de talante preelectoral. Pero la bajamar da para mucho más: partidos de fútbol, corredores, pachangas de voleibol, gente con hamaca en medio de la nada, mayores con el pantalón remangado... Y por supuesto bañistas, los habituales de la Escalerona y alguno que otro más, animado por las singulares y atípicas circunstancias.
17 grados a la sombra
Con máximas de 17 grados a la sombra -y unos cuantos más al sol-, Gijón presenta en el febrero más cálido que se recuerda un cielo andaluz que anima a casi todo, salvo a trabajar. El gran objetivo de la desestacionalización del turismo ha hallado un aliado imprevisto en este ramalazo de cambio climático, aunque quienes más lo disfruten en estas fechas laborales sean los autóctonos.
El Instituto Nacional de Meteorología pinta para hoy un panorama idéntico al de ayer -17/8 de máxima/mínima-, alguna nube para mañana y lluvia, al fin, el domingo. Un febrero a pleno sol que, según dicen los agoreros, «pasará factura en verano».





