Las tiendas de barrio y los sindicatos han decidido rebelarse con todas sus consecuencias contra la liberalización comercial, una lucha en la que están inmersos desde hace años pero que en los últimos meses ha alcanzado cotas muy altas. El desencadenante se ha producido en Madrid, donde las autoridades regionales han establecido un arriesgado precedente al permitir, desde mediados de enero, la apertura en cualquier festivo de las tiendas del centro de la capital, situadas dentro de la llamada 'zona de gran afluencia turística', en las inmediaciones de la conocida Puerta del Sol.
La medida ha vuelto a evidenciar la división en dos bloques del sector comercial, con las tiendas de barrio y la Confederación Española de Comercio (que representa a 410.000 pequeños y medianos profesionales), por un lado, y la Asociación Nacional de Grandes Empresas de Distribución (ANGED), por otro. A los primeros les apoyan, además, las respectivas federaciones sectoriales de CC OO y UGT, que ayer suscribieron un comunicado junto a la CEC para mostrar su «total rechazo a la presión» que, a su juicio, las grandes superficies «promueven en determinadas administraciones».
Mayor competencia
Argumentan estas organizaciones que «bajo la excusa» de esa liberalización, la Administración realiza «en la práctica una defensa de los intereses de los grandes de la distribución comercial», al tiempo que se «limita» la oferta en precios y servicios, acusaciones que se rebaten desde la citada patronal bajo el argumento de que en Europa existe mayor libertad de horarios e instalación que en España, y eso «repercute en una mayor competencia en el mercado». Este es el objetivo que, destaca ANGED, se ha marcado la Comisión Europea al poner en marcha una nueva directiva sobre el sector servicios, aprobada en 2006 pero que no entrará en vigor hasta finales de 2009.





