
De modo que la exploración feliz de la tradición del cancionero lusitano que incorpora el disco 'O coraçao tem três portas', cuyas canciones presentó, rezumando melancolía de ida y vuelta, nostalgia y fiesta íntima de la memoria, se extendió hacia otras regiones colindantes. Ya fueran los aires gitanos y árabes o elevando la mirada a los atriles clásicos, el minimalismo de las vanguardias del siglo XX o el sagrado tronco de la música religiosa. El fado, como el corazón, también tiene más de una puerta.
Cascabeles en los tobillos
Dulce Pontes posee el don de suspender el tiempo y que cualquier distracción ajena al prodigio de su ensalmo quede fuera del circuito. Es el arte de la delicia, un misterio que transforma la tristeza en alegría y las cuerdas vocales en ecos de bóveda o cordilleras.
Momento especial cuando se descalzó, puso cascabeles en los tobillos y sonó la gaita-de-foles con timbre celta. Ya está dicho, fue una exaltación primorosa del corazón, sin puertas ni ventanas, entregada al horizonte en el que la voz, la guitarra, el piano o el cello se desnudan y dan paso al latido del arte. Un privilegio.





