Pero poco más de un siglo después, el panorama es bien distinto. Los cauces del Peñafrancia y del Santurio se debilitan hasta el punto de que en verano incluso se quedan completamente secos y dejan sin servicio los múltiples juegos de agua que hicieron de la finca de La Isla un referente natural digno de los recintos palaciegos de aquellos viejos monarcas continentales. Malas circunstancias ésas para el Ayuntamiento de Gijón, que en 2003 abrió al disfrute de propios y extraños un conjunto de 150.000 metros cuadrados en los que los jardines acuáticos cobraron un valor propio. Nacía entonces el Jardín Botánico, el mismo que cinco años después se ha convertido en uno de los referentes turísticos y de placentero ocio de Gijón.
Restaurar y renovar
Pero hacía falta restaurar los ingenios pensados por Florencio Valdés y, sobre todo, hacerlos revivir con agua. Así que para poder contemplar los juegos hidráulicos de hace 130 años, en el siglo XXI hubo que recurrir a la ingeniería. Y fue de la mano de Gonzalo Morís, experto singular, que une a su condición de ingeniero industrial la cátedra de Expresión Gráfica de la Ingeniería, centrada en el diseño y el dibujo, y su pasión por el patrimonio industrial y las costumbres populares de Asturias. Por eso la rehabilitación de los molinos de Rionda y de los ingenios hidráulicos de La Isla colmaron, sin duda, sus querencias más intimas.
Morís, a quien resulta fácil encontrar paseando por los verdes y umbríos caminos del Botánico, responsabiliza más de la pérdida de agua a las excesivas captaciones de los cauces afectados que al evidente cambio climático que permite que en febrero se disfrute en Asturias de temperatura primaveral. Cuenta el ingeniero que «la solución técnicamente ideal fue que el agua circulase en circuito cerrado» a través de la instalación de unas bombas sumergidas insonoras «que permiten darle mayor movimiento al agua» y además no se perciben.
Agua que se desparrama por todos los jardines de La Isla entre la zona de los estanques y la de la laguna de la gruta. Cuatro grandes estanques: el de los patos, el de la caseta, el de los baños y el de la bomba, unidos entre sí por una serie de canales con sus correspondientes compuertas, fueron los primeros objetos de restauración para poder disfrutar de ellos como ahora los vemos.
La bomba hidráulica
Como buen ingeniero y amante de la arqueología industrial, Gonzalo Morís elige la restauración de la bomba hidráulica, situada en la entrada sudeste del estanque que lleva su nombre, como el trabajó «más interesante, más gratificante y más positivo de todo el proyecto». Asegura, además, que es «la pieza que más llama la atención a los visitantes. Hay que tener en cuenta que era la que subía el agua a la casa y proporcionaba el riego de los jardines».
Pero estaba totalmente destruida. «Tuvimos que recrearla entera a base del hueco que teníamos y de las fotografías que había de la época. Fue un trabajo de auténtica arqueología industrial, porque en realidad lo que hicimos fue recuperar un ingenio hidráulico ya desaparecido y del que quedaban muy pocos vestigios. Hubo que trabajar muy meticulosamente para reconstruirlo todo, pero el resultado resultó muy eficaz, porque desde que terminamos la restauración funciona de manera continuada y no ha dado ningún problema», recuerda, con satisfacción el director del proyecto.
Otro de los trabajos de reconstrucción total, pero con mucha menos dificultad intrínseca, fue el de la caseta del estanque que lleva su nombre. «Estaba en muy mal estado y lo único que conservamos fue el suelo de baldosa de la época para que una escuela taller de carpintería la reconstruyera totalmente. Incluso sacamos moldes de los adornos singulares para reconstruirlos en la rehabilitación», rememora Morís.
Lo demás fueron estanques, juegos de agua, puentes y hasta cascadas. Unas ya existentes y otras añadidas al hilo de la recirculación del agua. «Ahora lo ves y piensas que siempre estuvo así, pero algunos elementos estaban muy dañados», justifica el ingeniero, que rememora todo el proceso en la reedición del libro 'Ingenios hidráulicos históricos: molinos, batanes y ferrerías' que afronta la Universidad de Oviedo con motivo de su cuarto centenario. Los mismos ingenios que ya hace 130 años contemplaban atónitos los gijoneses. No en vano los propietarios de La Isla abrían la finca a los visitantes. Un adelanto del Botánico.






