«El proyecto comprendía no sólo su restauración, sino su puesta en funcionamiento. Y fue lo que hicimos. Ahora, si se quisiera, podrían estar moliendo, pero su mantenimiento es costoso y el resultado, sucio», explica Gonzalo Morís, quien califica el conjunto de los tres molinos de «extraordinario interés».
Hubo que recontruirlos todos, pero «lo hicimos de la forma más fidedigna posible», señala. Y los numerosos visitantes lo agradecen.





