Y es que, en realidad, ¿qué es lo que esta ley pretende recordar, solamente lo que al Gobierno le conviene?
Nos hacemos esta pregunta porque si los socialistas quisieran hacer un buen uso de esta ley, rememorando con imparcialidad los hechos ocurridos en España en los últimos tiempos, deberían recordar, por ejemplo, que la Guerra Civil española fue, históricamente, una consecuencia directa de la caótica situación que se vivía en España durante la II República, en la que el odio entre los partidos políticos, las revoluciones, las intentonas armadas, las proclamaciones del estado de guerra, la escandalosa proliferación de las huelgas -más de mil en diez meses-, las tormentosas sesiones parlamentarias -caracterizadas casi siempre por las amenazas y los insultos-, los asesinatos continuados, la quema de iglesias y conventos, la creciente colaboración entre los partidos de izquierda y la Rusia comunista -presagio de un futuro comunismo en España-, el desbarajuste y la pobreza eran los signos más característicos de aquella triste y lamentable época, que culminó con el asesinato del jefe de la oposición, don José Calvo Sotelo, cuyos autores no fueron ni siquiera procesados.
Terminada la Guerra Civil, que fue cruel, dolorosa y heroica por parte de los dos bandos, es obligado recordar el increíble resurgimiento de aquella España pobre y semidestruida, conseguido con el esfuerzo de todos bajo el Gobierno de Franco y que logró situarnos como la novena potencia industrial del mundo, dando lugar a que en Europa aquel asombroso crecimiento fuera calificado como «el gran milagro español».
Y si en el campo económico el éxito fue enorme, memoria histórica sería también recordar que, en el aspecto social, los trabajadores españoles -considerados entre los más pobres de Europa y que en los años anteriores a la guerra no habían conocido más que conflictos y calamidades- obtuvieran bajo el Gobierno de Franco los mayores logros sociales con los que nunca se había soñado, tales como descanso semanal retribuido, vacaciones anuales retribuidas, gratificaciones de verano y navidad, pensiones de jubilación y viudedad, seguro de enfermedad, etcétera, de todo lo cual hoy disfrutamos los españoles. Nunca en toda la historia de España se consiguió un más alto nivel social para el mundo del trabajo que el conseguido en aquella época y que nos situó, en este aspecto, a la cabeza de Europa.
Hacer un buen uso de la memoria histórica debería de ser también recordar con orgullo y agradecimiento a las personas o instituciones que han hecho obras importantes para España, como es el caso de la Universidad Laboral de Gijón, construida en los tiempos de Franco para los hijos de los obreros y de la que ahora, actuando en contra de todo razonamiento histórico, se están retirando todos los símbolos que nos recuerden el origen de su construcción.
Digo todo esto referente a la memoria histórica porque lo que España necesita es paz y unión entre todos los españoles y no leyes como ésta, sospechosamente parcial, que en nada va a contribuir a la búsqueda de esa reconciliación y de esa paz que tanto necesitamos.





