En un trabajo de investigación promovido por el Instituto de Ciencias Fotónicas (ICFO) y del Institut de Recerca Biomédica de Barcelona (IRB) se acaba de comprobar que un rayo de luz láser logra estimular el crecimiento neuronal. Acaban de certificarlo in vitro con neuronas procedentes de un embrión de ratón. La cosa sería que esa luz hace que los axones, encargados de transmitir los impulsos nerviosos, crezcan por el camino deseado. Es un resumen muy superficial de todo el proceso que se ha llevado a cabo, pero suficientemente claro como para comprender, a vuelo rasante, las implicaciones de este descubrimiento en fase inicial. La luz abriría todo un mundo de posibilidades para los casos de traumatismo o daños cerebrales, una vía de escape hacia nuevas investigaciones y un respiro en el horizonte que ya no se antoja tan lejano.
La noticia por sí misma ofrece todo un abanico de sugerentes efectos, sin desmerecer las aportaciones de esos juegos de agilidad mental que han aparecido como de pronto en el mercado y se han puesto a la cabeza de los más deseados por artistas extranjeros, nacionales y pueblo en general. Pero, además de memorizar palabras y azuzar la cabeza con conceptos y abstracciones matemáticas, las células necesitan un cuidado exquisito que bien puede tener que ver con la luz. Es tan sólo la primera fase, un pequeño paso dado entre físicos y neurobiólogos, para proceder a entrar en un terreno desconocido pero alentador. Un terreno que puede explorarse a lo largo y a lo ancho, en el que habrá frutos si los dineros no fallan y la recompensa se espera con la paciencia bien ajustada a la realidad.





