
HECHOS
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El Cuerpo Nacional de Policía trabaja con la hipótesis de que el fallecido se precipitó desde el tejado del establecimiento comercial, que presenta una altura de aproximadamente cuatro metros, al intentar acceder al local para robar.
El golpe mortal pudo producirse en torno a las cuatro de la madrugada. A esa hora, una vecina del edificio contiguo escuchó un fuerte ruido procedente del tejado y aseguró que alguien le había tocado al telefonillo, si bien al responder no obtuvo respuesta alguna.
Fue la encargada del supermercado la que, a las 7.30 horas, descubrió el cuerpo sin vida de Manuel P. Á. «A primera hora abrí la puerta del almacén para que entrasen los palés con mercancía y fue cuando vi que había caído un trozo de uralita; mi reacción fue mirar hacia arriba para ver que faltaba la parte del tejado que sobresalía», relata. La mujer volvió a mirar al patio y comprobó que «había un hombre tirado en medio, boca arriba y con sangre alrededor, sobre todo de la cabeza. Me puse nerviosa y empecé a gritar que había un muerto en el patio; vinieron las compañeras al oir voces y luego llamamos a la Policía», relató.
Los investigadores se personaron en el lugar de los hechos pocos minutos después y recopilaron pruebas para intentar esclarecer la causa de la muerte. Continúa siendo una incógnita el lugar por el que el fallecido accedió al tejado, ya que el único paso está en las ventanas del edificio colindante de Correos, si bien el inmueble cuenta con amplios dispositivos de seguridad que no detectaron ningún movimiento extraño en el interior.
Identificación
El cadáver fue trasladado al tanatorio de Cabueñes, donde a primera hora de la tarde se le practicó la autopsia. No portaba documentación alguna cuando fue encontrado, por lo que tardó varias horas en poder ser identificado. Finalmente, se consiguió definir su filiación y a partir de ahí se intentó localizar a la familia.
Las dependientas y la encargada del supermercado reanudaron su labores y el establecimiento abrió al público con total normalidad sin que muchos de los clientes se percatasen de lo que había sucedido horas antes. «Ha sido un susto muy grande porque nunca nos había pasado algo similar; sí que estamos acostumbradas a que nos entren en el local vagabundos a robar bebidas, pero nunca nos había sucedido algo así de fuerte», aseguró una de las empleadas.





