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«La alta tensión matará nuestra montaña»
Los vecinos de los pueblos de León por los que transcurre el último trazado de Sama-Velilla advierten de que la línea hipotecará su futuro

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«La línea Sama-Velilla ha unido a los vecinos, nos ha hecho despertar para defender lo único que tenemos, nuestra naturaleza, después de todo lo que ya han destruido en esta zona de León. La alta tensión matará nuestra montaña, y estamos dispuestos a pelear hasta el final para que no sea así». Siro Sanz habla con voz queda para transmitir un mensaje contundente, que comparten buena parte de los 19.000 vecinos de los trece municipios leoneses por los que discurrirá la nueva línea de alta tensión Sama-Velilla. Red Eléctrica de España (REE) proyecta construir esa línea para transportar energía desde Asturias hasta los grandes centros de consumo ubicados en otras autonomías.

La oposición se traduce en las 25.000 alegaciones presentadas al trazado -la mayoría desde los pueblos de la montaña leonesa-, y que el Ministerio de Industria analiza antes de aprobar el estudio de impacto ambiental, que dará luz verde a un proyecto del que depende el futuro industrial y económico de Asturias.

El recorrido por algunos de esos trece municipios leoneses permite ver el rechazo que genera una línea de 123,802 kilómetros de longitud, de los que 87,756 discurren por su territorio. Muchas viviendas exhiben en sus ventanas camisetas verdes con la inscripción 'No línea alta tensión', el mismo lema que puede leerse en pintadas callejeras y en pancartas como la colgada de una roca a la entrada del pueblo de Llombera.

La protesta en León la encabezan las tres plataformas creadas -Alto Bernesga, Bodón y Cistierna- contra el proyecto de REE. Siro Sanz pertenece a la de Cistierna, la última en constituirse en noviembre pasado. «Este proyecto ha hecho reaccionar a los vecinos de esta comarca, de gran inmigración, donde los mejores, los que mejor podían defendernos, tuvieron que irse», sostiene este historiador, cuyos estudios sobre la riqueza patrimonial de la comarca figuran en muchas de las alegaciones presentadas.

Los pobladores de la montaña leonesa encaran la 'autopista energética' como un capítulo más de la historia más reciente que, denuncian, ha llevado al empobrecimiento de la zona. La red de alta tensión que desde hace años cruza ya muchos de esos pueblos, el pantano de Riaño, las obras del AVE, el cierre de explotaciones mineras o la fallida reconversión industrial son cuestiones que aparecen pronto cuando se conversa con vecinos de La Robla, de Cireña de Gordón o de Cistierna. «Desde hace años han tomado la montaña leonesa como un basurero», sostiene Siro Sanz en Cistierna.

«¿Qué nos han traído?»

A escasos 40 minutos de coche, en La Robla, cuatro mujeres coinciden en esa apreciación mientras disfrutan de su habitual café matutino. «Aquí hay una central térmica y una inmensa antena de telefonía en el centro del pueblo. ¿Y qué nos han traído?, pues problemas para la salud, porque hay más cáncer y más casos de tiroides que en otros lugares», asegura Paz Gutiérrez. Esta vecina de La Robla nacida en Rodiezmo -el enclave leonés que cada verano acoge la fiesta del SOMA-UGT- advierte, además, de que la futura línea pasará junto a las casas de su pueblo natal, «y no entiendo cómo se puede permitir eso».

Maribel Díez, propietaria de una confitería en La Robla, cree que el proyecto de REE no generará «ni empleos ni prosperidad al pueblo», y asevera que nadie en la montaña leonesa quiere la línea. «Es que no hace falta, lo dice hasta un estudio de la Universidad de León», recuerda. El estudio es de Julio Lago, profesor de la Facultad de Económicas, que afirma haber utilizado sólo datos facilitados por la propia Red Eléctrica de España para concluir que la línea de alta tensión «es innecesaria» y supondrá «un golpe irreparable al medio ambiente» en los territorios afectados.

«León exporta el 80% de la energía que produce y Asturias el 55%. Lo lógico sería instalar las centrales de ciclo combinado en las regiones que necesiten energía, y así se evitaría tener que destrozar el medio ambiente de otras zonas para transportarlo», argumenta Rafael Carrillo, miembro de la plataforma Alto Bernesga, que reúne a 150 colectivos de la comarca de Pola de Gordón. Carrillo se refiere a los proyectos previstos y ya en marcha en el Principado para generar la electricidad, que será evacuada por la línea Sama-Velilla.

Carrillo, prejubilado desde hace ocho años, trabajó como minero en Hullera Vasco Leonesa, explotación que en la actualidad emplea a más de medio millar de personas. Vive en Cireña de Gordón, un pueblo de 900 habitantes, que en la última década ha perdido 700 y que mantiene un inconfundible aspecto de poblado minero.

Un haya de 500 años

Los bares de Cireña acogen por las tardes a numerosos prejubilados. «Aquí sólo nos queda la tertulia y pasear por El Faedo, y ahora resulta que quieren destruir este bosque, que es nuestra única riqueza», asegura otro antiguo minero, Luis Cabello, que no oculta su miedo por los posibles efectos que las torretas de alta tensión puedan tener en la salud de los vecinos de Cireña, «ya castigada por tantos años de trabajo en la mina».

Carrillo y Cabello comparten mesa con Vicente López Moreno, más conocido como 'El Francés' por sus años de emigrante en Burdeos y Marsella. «Quieren acabar con El Faedo, con sus árboles centenarios», denuncia López, empeñado en mostrar a los visitantes «la magia» del enclave que en 2007 fue reconocido por el Ministerio de Medio Ambiente como el bosque mejor cuidado de España. El Faedo es un pequeño hayedo situado en medio de unos riscos en los que se situarán torretas de la nueva línea de alta tensión, según el trazado en estudio. La 'estrella' del lugar es 'Fagus', un haya de 500 años, cuyo aniversario festejarán los vecinos de Cireña de Gordón el próximo día 19.

A Pelayo Hernández Barbero, antiguo electricista de la mina local, le gusta mantenerse en forma; por eso, atraviesa El Faedo una docena de veces por mes, siguiendo el mismo camino que durante años utilizaron los mineros para bajar desde Villar del Puerto y Valporquero hasta los grupos de trabajo de Hullera Vasco Leonesa. Hernández viste la 'camiseta-protesta', aunque su postura contraria a la alta tensión se limita a que atraviese la montaña leonesa. «Aunque a mí me gustaría que no pasara por aquí, la línea debe ir por algún lado», reconoce. Confiesa leer mucho sobre el tema energético y cree que las energías renovables son limitadas, por lo que no rechaza la de origen nuclear. «Aquí dicen que la alta tensión no es necesaria, y yo eso no lo sé, pero en este tema lo más fácil es decir no a todo, y las cosas no son así. Pienso que si, finalmente, la línea pasa por aquí, lo que tendremos que hacer es pedir compensaciones», sugiere Hernández.

Bienes comunales

En el entorno de El Faedo, los vecinos recogen té y orégano entre otras plantas; la junta vecinal de Cireña de Gordón autoriza su recolecta porque se crecen en tierras comunales, una figura que aún pervive en León y que, apunta Siro Sanz, proporciona «fuertes ingresos» en el caso del concejo de Cistierna. «La leña y, sobre todo, los cotos de caza suponen dinero para los ayuntamientos, y si instalan las torres de alta tensión las economías municipales se resentirán porque destruirán nuestra riqueza natural», afirma el historiador en lo alto de una loma desde la que se divisa Peñacorada.

En esta sierra de Cistierna habitan rebecos, corzos y jabalíes, y también osos pardos, mientras urogallos sobrevuelan las crestas de Peñacorada. Hayedos, robledales y encinares pueblan su suelo, y los vecinos temen el impacto de las torres de alta tensión sobre el territorio. «Es que instalar la 'autopista eléctrica' implica, ya de entrada, desbrozar mucho para poder construir la base de cada torreta», señala Noemí Álvarez, presidenta de la plataforma a la que pertenece Siro Sanz.

Álvarez apunta a las calzadas romanas como otra de las riquezas del patrimonio cultural leonés que, en su opinión, se verá afectada por la línea que debe transportar la electricidad generada en Asturias y León hacia otros lugares de consumo. La vía romana Carisa, que hace siglos unía las dos provincias, tiene al norte de Villamanín su tramo mejor conservado. «No queremos que nos despojen de la única riqueza que nos queda, la tierra», subraya Noemí Álvarez. La presidenta de la Plataforma No a la Alta Tensión de Cistierna asegura que los vecinos seguirán manifestándose contra la red. «Desde el trasvase del Ebro no ha habido otra movilización mayor», concluye.

ilopez@elcomerciodigital.com

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