
No fue una tragedia. Ni siquiera la trama de una película de acción. Fue un simulacro de emergencia de grandes catástrofes enmarcado en las III Jornadas Nacionales Formativas en Transporte Sanitario. El amplio dispositivo movilizó a 110 efectivos entre bomberos, agentes de la Policía Local y el Cuerpo Nacional de Policía, personal de ambulancias, técnicos sanitarios, médicos y los alumnos del Centro de Arte Dramático de La Laboral, que interpretaron el papel de heridos dando realismo al acto.
Pasaban diez minutos de la una de la tarde cuando escuchó un gran estruendo procedente de unas dependencias del primer piso anexas a la cafetería. Supuestamente, se había desencadenado un fuego y se había producido un derrumbe que había dejado sepultadas a varias personas. Sólo había pasado un minuto cuando salieron por su propio pie cinco afectados, que fueron auxiliados por el personal de seguridad del centro.
Las primeras dotaciones de la Policía Local y del Cuerpo Nacional de Policía hicieron su aparición en el patio central, seguidos de los bomberos y de las ambulancias. En tan sólo cinco minutos habían llegado a La Laboral prácticamente todos los equipos de emergencia para comenzar a evacuar a los heridos. Los bomberos fueron los primeros en acceder al lugar del derrumbe y sofocar las llamas que se había originado, al mismo tiempo que ayudaban a salir a las víctimas, ocho de las cuales se encontraban en estado grave.
Reanimación
Los efectivos sanitarios reanimaron a un joven que había entrado en parada cardiorespiratoria. Lo hicieron en mitad del patio para luego llevarlo al puesto médico avanzado. Posteriormente, una aeronave los recogió en el helipuerto ubicado en uno de los aparcamientos del hospital de Cabueñes. «Le han dado la oportunidad de volver a vivir», explicaba el locutor del rescate que por megafonía relató la sucesión de intervenciones y hechos.
El realismo en el simulacro fue tal que muchos conductores, viandantes, usuarios del hospital de Cabueñes y vecinos de la zona, llegaron a pensar que «algo muy gordo había pasado dentro».
Dentro, en el patio, los rescatadores depositaban en una esquina los cadáveres de las dos mujeres que fallecieron como consecuencia del derrumbe. Esperaron la llegada de los servicios fúnebres para meter los cuerpos en bolsas e introducirlos en el vehículo de la funeraria.
Al simulacro no le faltó detalle: los heridos simularon la sangre con pintura, la Policía Científica sacó fotografías del lugar de la explosión y los bomberos sudaron la gota gorda con los equipos de autorescate. Eso sí, el drama vivido durante media hora finalizó con aplausos.





