
Aquel mismo verano organizó las primeras visitas guiadas a la Punta'l Pozu, un acantilado en el que puede contemplarse el rastro de un grupo de cuadrúpedos jurásicos.
Perdido el MUJA, Vicente Álvarez Areces promete en elecciones un Parque Temático del Jurásico, pero el Ayuntamiento decide centrar toda su ofensiva turístico-cultural en dotar a la cueva paleolítica de Tito Bustillo con un gran museo. El objetivo pasaba por crear la Ciudad de la Prehistoria en el conjunto de cuevas que forman el Macizo de Ardines y el municipio comienza a pedir la reproducción de la caverna.
Las inversiones arrancan al año siguiente. A través del Plan de Excelencia Turística se abre al público La Cuevona de Ardines y se amplía el centro de recepción de visitantes de Tito Bustillo. El director de las investigaciones arqueológicas de la caverna riosellana, el catedrático de prehistoria Rodrigo de Balbín, marca el camino a seguir: «La fórmula de Altamira es buena».
Poco después, en marzo de 2001, FOTURI (Fomento del Turismo de Ribadesella) organiza el primer viaje a Santillana del Mar para conocer la Neocueva. Desde entonces la reproducción se convierte en la punta de lanza de las reivindicaciones riosellanas. Sin embargo, aquella ambición se topa con un obstáculo inesperado, el primer gobierno de Vicente Álvarez Areces y su Consejero de Cultura, Javier Fernández Vallina. Éste llegó a decir que las reproducciones ni eran atractivas ni viables económicamente hablando. Enterradas las guerras jurásicas, comenzaba la ofensiva paleolítica.
Teverga
En lugar de auspiciar las legítimas reivindicaciones riosellanas, el Ejecutivo regional opta por la prestidigitación y se saca de la chistera un Parque de la Prehistoria para Teverga, donde a la larga irían a parar reproducciones de las pinturas de Tito Bustillo y de otras cuevas de la comarca oriental. Para protestar contra aquel agravio se crea la Plataforma Tito Bustillo, integrada por el conjunto de las asociaciones del concejo. Ayuntamiento y Plataforma deciden buscar apoyo en el seno de la Mancomunidad de los concejos del Oriente de Asturias. Craso error. En agosto de 2001, el ente supramunicipal le da la espalda, rechazando incluso una importante inversión para la cueva riosellana.
Se inicia así el baile de cifras. En noviembre de 2001, el consejero de Cultura se compromete a invertir 2,4 millones de euros en Tito Bustillo. Aquel paupérrimo anuncio recibe el rechazo de la sociedad local que comienza a buscar apoyos fuera de Asturias. En febrero de 2002, el Estado se compromete a aportar 2 millones de euros a través del 1% Cultural. Ese ejercicio se cierra con unas previsiones inversoras de 4,4 millones de euros, insuficientes para la Plataforma, un Simposio Internacional de la Prehistoria celebrado en Ribadesella y una invención más para poner obstáculos a las aspiraciones locales, la del Ecomuseo de la Prehistoria auspiciado por la Mancomunidad. Una iniciativa que con el paso de los años fue cambiando de nombre. Le siguió el Plan Arqueológico del Oriente y hoy en día todo el mundo lo conoce como la marca Paraíso Rupestre.
El 2003 se inicia con fuerza. La empresa Ideas Originales, contratada por el Ayuntamiento, presenta un estudio de viabilidad para el museo que eleva su coste a 12 millones de euros. Para acelerar el desarrollo de ese proyecto, el Estado decide aumentar su contribución en 5,6 millones más (7,6), pero el Principado sitúa el global de la inversión en solo cinco. Es decir, le sobran otros cinco, pero no le faltan ideas surrealistas. En el seno de otra campaña electoral, el hacedor del inexistente Parque Temático del Jurásico anuncia el Tren del Tiempo y el Barco de los Dinosaurios y pide la redistribución del 1% Cultural entre el resto de concejos de la comarca.
Llegados a este punto, la nueva Consejera de Cultura, Ana Rosa Migoya, eleva a tres millones la participación del Principado en el proyecto y sitúa en 10,6 millones su coste total. Corría el mes de diciembre de 2003. Sin embargo, aquella oferta tampoco fue aceptada. Ni Ayuntamiento ni Plataforma estaban dispuestos a asumir límite presupuestario alguno. Querían más y llegó. El 19 de febrero de 2004, el Ministro de Fomento, Francisco Álvarez Cascos, sitúa en 15 millones la aportación del Estado y el Ayuntamiento licita la redacción del proyecto. El trabajo es asumido por la Unión Temporal de Empresas integrada por AV62-Arquitectos y Mediapro.
Ese mismo año, el PSOE gana las elecciones generales y el nuevo gobierno inicia la revisión del 1% Cultural. Vuelven las dudas y los recortes. Al año siguiente, Estado y Principado acuerdan un museo de 10,6 millones y la consejería asume el proyecto redactado por la UTE municipal. Ribadesella se resigna y el Centro de Arte Rupestre de Tito Bustillo comienza a rodar. En abril de 2007, la cantera de Corcubión es declarada de interés social y en mayo comienza el expediente de expropiación. El 18 de noviembre se licita el proyecto arquitectónico en 6,1 millones y este mes conocíamos que a la oferta se habían presentado 29 empresas.
Concluye así una larga lucha de nueve años que a punto estuvo de romper una mancomunidad y que en el camino dejó varias víctimas políticas. Ribadesella salió a la calle en tres ocasiones para defender su patrimonio cultural. La primera vez en Oviedo para reclamar el Museo Jurásico y las dos siguientes en la villa para pretender el Museo de la Prehistoria. En la primera estuvo sola, pero en las dos últimas recibió el calor de las asociaciones y vecinos del Oriente.





